Consejos para los apologistas cristianos

por William Lane Craig en Reasonable Faith adaptado por Sofía Granada

1. Selecciona algún área en la cual especializarte. Algunos cristianos apologistas populares cometen el error de tratar de saber un poco de todo, y por ello mucho de nada. Como resultado, su conocimiento del campo puede ser muy amplio, pero no muy profundo. Aunque pueden presentar un argumento inicial para las verdades expresadas del cristianismo, pronto se desaniman bajo la presión de la crítica, especialmente por parte de los especialistas. Al hablar en un campus universitario, pueden encontrarse acosados por la ansiedad del miedo de que un profesor académico no cristiano se presente en la audiencia y levante una objeción en la que lleven las de perder. Si eso pasa, no sólo se avergonzarán a sí mismos, sino que también causarán daño a la credibilidad de la fe cristiana. Un conocimiento generalizado de la apologética cristiana es bueno para ciertos contextos, y ciertamente es mejor que nada, pero limitará los horizontes de tu ministerio.

Por el contrario, te exhorto a especializarte en un área específica de la apologética, al mismo tiempo que continúas informándote en otras áreas. Por ejemplo, dado que el renacimiento en la filosofía cristiana que se ha estado dando en los últimos 40 años en el mundo angloamericano, no es de sorprender que muchos de nuestros mejores apologistas cristianos hoy en día sean filósofos.

La filosofía cristiana, involucrada como es el caso de los temas de la epistemología – como la justificación, la racionalidad y la garantía, – temas de metafísica- la naturaleza de la realidad suprema, la verdad y el alma-, y de ética- tales como la existencia de valores y deberes morales, teorías de los fundamentos del valor y el significado de las aseveraciones morales-, naturalmente se presta a sí misma para la apologética cristiana. Por cierto, el filósofo cristiano difícilmente puede evitar la apologética, ya que las preguntas que estudia son pertinentes a un mundo y una cosmovisión cristianos. Aun si sus conclusiones resultaran ser en gran parte escépticas – digamos, que no podemos saber la naturaleza de la realidad suprema – , esa conclusión sería vitalmente importante para la apologética cristiana, pues una conclusión como esa echaría a pique el proyecto de la teología natural. Así que el campo de la filosofía tiene una afinidad natural para la apologética.

De hecho, debería decir que la relevancia de la filosofía a la apologética es tan grande que aun si no te especializaras en la apologética filosófica pero escogieras entrar en algún otro tipo de apologética, harías bien en tomar una fuerte dosis de filosofía analítica. La filosofía analítica es el tipo de filosofía que predomina en el mundo anglófono. Este estilo de filosofar se contrasta tajantemente con la filosofía continental. En tanto que la filosofía continental tiende a ser obscura, imprecisa y emotiva; la filosofía analítica pone gran valor y énfasis en la claridad de las definiciones, un delineamiento cuidadoso de las premisas,  y una exactitud lógica de argumentación. Desafortunadamente, la teología ha seguido el ejemplo de la filosofía continental por mucho tiempo, la cual tiende a resultar en obscuridad sobre obscuridad. El renacimiento de la filosofía angloamericana de la religión por los últimos 40 años ha mostrado que temas apologéticos importantes pueden clarificarse brillantemente a la luz del análisis filosófico. Richard Swinburne, profesor emérito de filosofía de la religión cristiana en la Universidad de Oxford ha escrito:

Es una de las tragedias intelectuales de nuestra época que cuando la filosofía en países de habla inglesa ha desarrollado altos estándares de argumentación y pensamiento racional, el estilo de la escritura teológica ha sido grandemente influenciado por la filosofía continental del Existencialismo, el cual, a pesar de sus otros meritos considerables, se ha distinguido por un estilo de argumento inexacto y desordenado. Si el argumento tiene un lugar en la teología, la teología a gran escala necesita argumentación clara y rigurosa. Ese punto lo entendieron bien Tomás de Aquino, Duns Scotus, Berkeley, Butler y Paley. Ya es hora de que la teología regrese a sus estándares. 1

Al emplear los altos estándares de razonamiento lo cual es característico de la filosofía analítica, podemos formular poderosamente argumentos apologéticos tanto para recomendar como para defender la cosmovisión cristiana. En décadas recientes, los filósofos analíticos de la religión han presentado una nueva perspectiva de la racionalidad y la garantía de la creencia religiosa, de los argumentos a favor de la existencia de Dios, los atributos divinos como la necesidad, la eternidad, la omnipotencia, la omnisciencia y la benevolencia, del problema del mal y del sufrimiento, de la naturaleza del alma y la inmortalidad, del problema de los milagros, incluso de doctrinas peculiarmente cristianas como la Trinidad, la encarnación, la expiación, el pecado original, la revelación, el infierno y la oración. La riqueza de material que esta disponible para el apologista cristiano a través de la labor de filósofos analíticos de la religión es sorprendente.

Si quieren hacer apologética de manera efectiva, necesitan entrenarse en la filosofía analítica. Y digo esto aun si tu área de especialización no es la apologética filosófica. Cualquiera que sea tu área de especialización, estarás mejor equipado como apologista si has tenido un entrenamiento en la filosofía analítica. Supongamos que decides especializarte en la apologética científica o histórica. El hecho es que algunos de los temas más importantes con los que te has de enfrentar serán preguntas que se levanten de la filosofía de la ciencia o la epistemología. Una y otra vez veo a científicos y eruditos del Nuevo Testamento hacer inferencias defectuosas o comenzar con presuposiciones sin analizar por su ingenuidad filosófica.

Toma el campo de la apologética histórica, por ejemplo, el estudio histórico de la vida de Jesús específicamente. Es extraordinario cuan prominentes son los problemas filosóficos en este campo. El erudito del Nuevo testamento R. T. France observa:

Al nivel de su carácter literario e histórico tenemos buenas razones para tratar a los evangelios seriamente como fuente de información de la vida y enseñanza de Jesús… De hecho, muchos historiadores antiguos se considerarían afortunados por tener cuatro relatos confiables [como los Evangelios], escritos dentro de una generación o dos de los eventos, y preservaron esa riqueza de evidencia de manuscritos tempranos. Fuera de eso, la decisión de aceptar el registro que ofrecen es probablemente influenciada más por una apertura a una cosmovisión supernaturalista que por consideraciones estrictamente históricas. 2

La precisión del análisis de France se confirma por la misma confesión de las presuposiciones del Seminario de Jesús las cuales guían su trabajo. La suposición que el Seminario reconoce como de vital importancia es el anti-supernaturalismo o simplemente naturalismo. En este contexto el naturalismo es la posición de que todo evento en el mundo tiene una causa natural. En otras palabras, los milagros no suceden.

Ahora bien, esta presuposición constituye un parteaguas indiscutible para el estudio de los evangelios. Si presupones el naturalismo, entonces cosas como; la encarnación, el Nacimiento Virginal, los milagros de Jesús y su resurrección se abandonan antes de que siquiera te sientes a la mesa a ver la evidencia. Como eventos supernaturales, no pueden ser históricos. Pero si estás abierto al menos al supernaturalismo, entonces estos eventos no pueden desecharse por adelantado. Tienes que estar abierto a ver honestamente a la evidencia que se encuentre.

El Seminario de Jesús es notablemente explícito en cuanto a su presuposición del naturalismo. En su introducción a su edición de The Five Gospels [Los Cinco Evangelios] declaran:

La controversia religiosa contemporánea se enciende si la cosmovisión reflejada en la Biblia puede seguir en esta era científica y retenerse como un artículo de fe, – el Cristo del credo y dogma- ya no puede gobernar la aprobación de aquellos que han visto los cielos a través del telescopio de Galileo. 3

Pero, ¿por qué, pudiéramos preguntar, es imposible creer en un Cristo supernatural en una era científica? Después de todo, una gran cantidad de científicos son creyentes cristianos, y la física contemporánea se muestra a sí misma más que abierta a la posibilidad de realidades que están fuera del dominio de la física. ¿Qué justificación hay para el anti-supernaturalismo?

Es aquí donde las cosas se ponen interesantes realmente. Según el Seminario de Jesús, el Jesús histórico por definición debe ser una figura no supernatural. Apelando aquí a D. F. Strauss, el critico bíblico alemán del siglo XIX. El libro de Strauss The Life of Jesus, Critically Examined [La Vida de Jesús, Examinada de Forma Crítica] se basó de lleno en una filosofía del naturalismo. Según Strauss, Dios no actúa directamente en el mundo, sino sólo actúa indirectamente a través de causas naturales. En cuanto a la resurrección, Strauss dice que el que Dios levante a Jesús de los muertos es “irreconciliable con las ideas bien informadas de la relación de Dios con el mundo.” 4

Ahora escucha con cuidado lo que el Seminario dice respecto a Strauss:

Strauss distinguía entre lo que el llamaba lo ‘mítico’ (definido por él como cualquier cosa legendaria o supernatural) en los Evangelios de lo histórico…. La disyuntiva que Strauss presentó en su valoración de los Evangelios fue entre el Jesús supernatural —el Cristo de la fe–y el Jesús histórico. 5

Advierte que: cualquier cosa que es supernatural es por definición no histórica. No se da ningún argumento; sólo se define de esa manera. Así tenemos un divorcio radical entre el Cristo de la fe, o el Jesús supernatural, y el real, el Jesús histórico. Ahora, el Seminario de Jesús le da una vigorosa e inequívoca aprobación a la distinción hecha por Strauss: ellos dicen que la distinción entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe es “el primer pilar de la sabiduría erudita”. 6

Pero ahora toda la búsqueda del Jesús histórico se vuelve una farsa. Si empiezas presuponiendo el naturalismo, entonces ¡claro está que terminarás con un Jesús puramente natural! Este Jesús naturalista y reconstruido no se basa en la evidencia histórica, sino en la definición. Lo que es sorprendente es que el Seminario de Jesús no hace ningún intento por defender este naturalismo; sólo se presupone.

Pero esta presuposición está completamente infundada. Mientras la existencia de Dios sea posible, entonces debemos estar abiertos a la posibilidad de que El ha actuado milagrosamente en el universo. Sólo si se tiene una prueba a favor del ateísmo se puede justificar el que los milagros sean imposibles.

Ahora, a veces los críticos escépticos adoptarán un plan de acción más flexible, presuponiendo un naturalismo metodológico como una pre-condición del estudio histórico de la vida de Jesús. Por ejemplo, Gerd Lüdemann rechaza la resurrección de Jesús como la mejor explicación de la evidencia histórica porque la resurrección es un milagro, y el profesor Lüdemann tiene una presuposición metodológica en contra de los milagros. El dice, “La crítica histórica… no considera una intervención de Dios en la historia”. 7 Así, la resurrección no puede contar como una explicación histórica. Entonces, ¿qué justificación da el profesor Lüdemann para esta presuposición crucial de la inadmisibilidad de los milagros? Todo lo que ofrece es un par de enunciados que hacen alusión a Hume y a Kant. Dice “Hume… demostró que un milagro se define de tal forma que ‘no hay testimonio suficiente para establecerlo’ ”. 8 La concepción milagrosa de la resurrección, dice, presupone “un realismo filosófico que ha sido insostenible desde Kant”.

Ahora bien, el profesor Lüdemann no es un filósofo, sino un teólogo del Nuevo Testamento. Y su proceder aquí de meramente mencionar nombres de filósofos famosos es, tristemente muy típico de los teólogos. Thomas Morris, un filósofo cristiano, observa en su libro Philosophy and the Christian Faith [La Filosofía y la Fe Cristiana]:

Lo que es particularmente interesante en cuanto a las referencias que los teólogos hacen de Kant y Hume, es que en la mayoría de los casos encontramos que simplemente se menciona al filósofo … pero, rara vez, si se llega a dar, se ve una explicación precisamente de los argumentos suyos que se supone han logrado la supuesta demolición…. De hecho, debo confesar que nunca he visto en los escritos de ningún teólogo contemporáneo la exposición de un solo argumento  de Hume o Kant, o alguna otra figura histórica en realidad, que llegue siquiera cerca de demoler… la doctrina histórica cristiana, o… el realismo histórico…. 10

El argumento de Hume en contra de los milagros ya había sido refutado en el siglo XVIII por Paley, Less y Campbell, y la mayoría de los filósofos contemporáneos también lo rechazan como erróneo, incluyendo a tales filósofos prominentes de la ciencia como Richard Swinburne y John Earman y filósofos analíticos como George Mavrodes y William Alston. Incluso el filósofo ateo Antony Flew, él mismo un erudito de Hume, admite que el argumento de Hume es deficiente tal y como aparece. 12 y en cuanto al realismo filosófico, éste es el punto de vista dominante entre los filósofos de hoy, al menos en la tradición analítica. Así que, Lüdemann, como él asegura, rechaza la admisibilidad de los Milagros en base a Hume y Kant, por lo tanto tiene mucho que explicar. De otra manera, su rechazo de la hipótesis de la resurrección esta basada en una presuposición sin fundamento. Rechaza esa presuposición, y es muy difícil negar que la resurrección de Jesús sea la mejor explicación de los hechos.

Los críticos escépticos comúnmente no tienen el valor, como lo hace Lüdemann, de simplemente negar el hecho de la resurrección de Jesús. En su lugar, buscan rescatar algunos vestigios de la fe cristiana, distinguiendo entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe. Aun si el anterior resultara haber sido una figura puramente humana que le llego su muerte en la Judea del primer siglo, éste último puede aún considerársele como levantado triunfantemente de los muertos. Por ejemplo, Marcus Borg, uno de los compañeros más afamados del Seminario de Jesús, hace una bifurcación perspicaz entre el Jesús de la pre-Pascua y el Jesús de la post-Pascua. El Jesús de la pre-Pascua, dice el, era meramente un ser humano que ahora esta “muerto”. 13 El Jesús de la post-Pascua, dice, es “en lo que Jesús se convirtió después de su muerte”. 14 El Jesús de la post-Pascua subsiste a base de la experiencia y tradición de la Iglesia.

Pero este tipo de operación de rescate se enreda a sí misma en una red de dificultades filosóficas. Lo que Jesús se volvió literalmente después de su muerte, de acuerdo al punto de vista de Borg, era una masa putrefacta de carne. Lo que Borg quiere decir con el Jesús de la post-Pascua es lo que Jesús se volvió en el pensamiento y la imaginación de la Iglesia cristiana. Es crucial entender que en la perspectiva de Borg realmente no hay nadie por ahí llamado el Jesús de la post-Pascua que exista objetivamente, independientemente de nuestra e imaginación.

La mejor analogía en la que puedo pensar, es la relación entre Santa Claus y el obispo real San Nicolás del siglo IV. Nicolás fue la persona real que vivió y murió. Santa Claus es una figura imaginaria, que, aunque real en la experiencia de los pequeñitos, realmente no existe. Ahora, aunque los adultos racionales pudiéramos creer en algunas de las cosas que esta figura simboliza, como el espíritu de dar, no creeríamos en él.

De la misma forma, si Jesús no resucitó realmente de los muertos, pudiéramos creer en lo que el Jesús de la post-Pascua simboliza, digamos, amor por los demás, pero no creeríamos en él. No le adoraríamos u oraríamos o siquiera pensaríamos que nos ama, puesto que eso significaría dejarnos engañar por nuestras propias fantasías.

Ahora bien, a pesar de su lenguaje cristiano engañoso, creo que desde el punto de vista de Borg, el Jesús de la post-Pascua es sólo una figura simbólica. Cuando Borg dice, “Jesús es Señor” o “Dios ha vindicado a Jesús”, no considera estas declaraciones como literalmente verdaderas. Sino que estas son metafóricas, y Borg dice, “afirmo que estas metáforas son verdaderas”. 15

Pero ahora llegamos a las verdaderas dificultades. ¿Qué se requiere para que una metáfora sea verdadera? Si esta lloviendo y yo entro y digo, “¡esta lloviendo a cántaros allá afuera!”, ¿qué significa decir que esta metáfora es verdadera? Bueno, significa que hay una verdad literal que esta metáfora expresa figuradamente, es decir, que afuera esta lloviendo mucho. Sin esa verdad literal, una metáfora es sólo una combinación absurda de palabras. Si entro y digo, “¡están lloviendo ánforas allá afuera!” a menos que pueda darle una verdad literal a lo que estas palabras expresan, entonces no son una metáfora en lo absoluto, sólo un absurdo. Así que, la verdad metafórica presupone una verdad literal. Si no hay una verdad literal, entonces no hay tampoco una verdad metafórica.

Así que, la pregunta crucial es, ¿qué verdad literal se expresa en una declaración acerca del Jesús de la post-Pascua como “Jesús resucitó” o “Jesús me ama”? Borg se enfrenta aquí a un problema insalvable. A causa de que dice que no hay verdades literales respecto a Dios. El piensa que Dios es inefable, o sea “más allá de todo pensamiento racional.” El escribe “Dios es inefable…. Dios está más allá de todas las imágenes, físicas y mentales…. Todo nuestro pensamiento respecto a Dios… son intentos de expresar lo inefable. Lo inefable esta más allá de todos nuestros conceptos, incluso este.” 16 Pero eso implica que no hay verdad expresada por sus afirmaciones acerca del Jesús de la post-Pascua. Por lo tanto, no son metáforas; son absurdos.

Pero se pone aún peor. Porque es incoherente decir que Dios esta “más allá de todos nuestros conceptos”. Pues si ninguno de nuestros conceptos aplicara a Dios, entonces aun el concepto de inefabilidad no se le aplica a Dios. Pero entonces, ¡Dios no es inefable después de todo! Así la perspectiva de Borg se anula a sí mismo: si es verdadero, entonces es falso. Borg parece darse cuenta de esto, cuando dice que Dios esta “más allá de todos nuestros conceptos, aun de este”. Pero si el concepto de inefabilidad no se le aplica a Dios, entonces no es el caso de que Dios es inefable, como afirma Borg. Así, la perspectiva de Borg es auto referencialmente incoherente y no puede afirmarse racionalmente.

Es así que los temas filosóficos pueden ser absolutamente decisivos al lidiar con temas históricos importantes para el apologista cristiano.

De manera similar, en el dialogo contemporáneo floreciente entre la ciencia y la teología, la cual es vitalmente importante para el campo de la apologética científica, encuentro una y otra vez que los temas centrales resultan ser filosóficos más que científicos. Sería fácil ilustrar esto en relación con la teoría de la relatividad y la teoría cuántica, los pilares gemelos de la física contemporánea, a la cual le competen claramente temas epistemológicos y metafísicos. Pero aun en una ciencia relativamente teórica de bajo nivel como la biología, los temas filosóficos intervienen.

La contribución de Philip Johnson al debate respecto a los orígenes biológicos ha sido permanente, el generar interés en el papel crucial que se juega por las suposiciones metodológicas en la evaluación de teorías. Tal y como lo entiendo, el punto principal de Johnson puede expresarse mejor en términos de la explicación científica conocida como la inferencia a la mejor explicación.

Según este modelo, el teórico, se enfrenta a un conjunto de datos a explicar, selecciona de un conjunto de opciones aquella explicación que, si es verdadera, explicaría mejor los datos, donde el valor de una explicación se le juzgará con base en criterios como el enfoque explicativo, el poder explicativo, etcétera. Ahora, el punto fundamental de Johnson es que el paradigma del neo-darwinismo se le puede decir que es la mejor explicación sólo si el conjunto de opciones se restringe a explicaciones puramente naturalistas. Pero si uno permite dentro del conjunto de opciones, las explicaciones supernaturales, esto es, explicaciones que implican un agente inteligente extra-ordinario, entonces por ningún motivo es obvio que la explicación neo-darwinista es la mejor.

Ahora bien, el restringir así el conjunto de opciones no es una pregunta científica, sino filosófica. Extraordinariamente, he visto aserciones de biólogos naturalistas prominentes como David Hull admitir más o menos que Johnson esta en lo correcto. Insisten en que, ciertamente, la ciencia excluye las explicaciones supernaturalistas del conjunto de opciones; la misma naturaleza de la ciencia es determinar cual es la mejor explicación naturalista de los datos. Pero eso, como ya lo mencioné, ya no es una pregunta de la ciencia sino de la filosofía de la ciencia y una que los científicos, que son de forma típica invenciblemente ingenuos cuando de filosofía se trata, no están bien equipados para abordar.

Así que todos aquellos que escogemos adentrarnos en la apologética, cualquiera que sea nuestra área de especialización, sería muy aconsejable que adquiramos una buena porción de filosofía analítica.

Al fin y al cabo puedes escoger especializarte en algún área aparte de la apologética filosófica. Ya he mencionado la apologética histórica, la cual explora la confiabilidad del Nuevo Testamento testigo de Jesús. Aquí los evangélicos están bien representados por eruditos como Craig Evans, Ben Witherington, Darrell Bock, N. T. Wright y otros en la esfera anglo americana, sin mencionar a nuestros hermanos de Europa. También he mencionado la apologética científica, donde más evangélicos se necesitan, aunque personas como Robin Collins, George Ellis, Christopher Isham, William Dembski y a un nivel popular, Hugh Ross sobresalen haciendo contribuciones importantes. Otra área de la apologética que ha surgido recientemente como un campo vital de especialización son los estudios islámicos. De hecho, éste es un campo antiguo de la apologética que se remonta a Raymond Lull y la Suma contra los gentiles de Tomas de Aquino y posiblemente más antiguo. Pero ha asumido una importancia crítica desde el 9/11 con nuestra visión más clara del islam y los retos que presenta. La página web answeringislam.org proporciona recursos excelentes en este campo, y un número de obras populares que va en aumento en el campo, se hace accesible. Con todo, otras áreas de especialización se presentan – psicología, por ejemplo, donde Paul Vitz ha realizado una obra interesante -, pero cualquier campo que haya, te animo a que selecciones uno en el que puedas volverte experto para hablar con confianza y autoridad en los temas.

2. Obten un doctorado en tu área de especialización. Esto pudiera no ser bienvenido como un consejo para algunos de ustedes. Pero la apologética popular por sí sola no lo logrará. La apologética popular puede persuadir a los que no tienen una educación, pero no cambiará las estructuras de pensamiento predominantes de la sociedad.

Para moldear las estructuras de pensamiento de la sociedad y así propiciar un ambiente cultural que le permita un lugar a la cosmovisión cristiana como una opción intelectualmente viable, debemos influir en la universidad. Lo digo porque la única y más importante institución que da forma a la cultura occidental es la universidad. Es en la universidad donde nuestros futuros líderes políticos, nuestros periodistas, nuestros abogados, nuestros maestros, nuestros ejecutivos, nuestros artistas se prepararán. Es en la universidad donde formularán o, muy probablemente, simplemente absorberán la cosmovisión que moldeará sus vidas. Y puesto que estos son los creadores de opinión y líderes que dan forma a nuestra cultura, la cosmovisión con la que se les permee en la universidad será aquella con la cual se le de forma a nuestra cultura. Si cambiamos la universidad, cambiamos nuestra cultura a través de aquellos que le dan forma. Si a la cosmovisión cristiana se le puede restablecer a un lugar de prominencia y respeto en la universidad, tendrá un efecto catalizador por toda la sociedad.

Pero eso implica que la apologética de nivel popular dirigida a las masas no lo logrará. Sólo la apologética a nivel doctoral dirigida a los especialistas en las diferentes disciplinas académicas será capaz de cambiar la universidad y así garantizar un cambio cultural duradero. Machen observó que mucha gente en su tiempo “ponía a sus seminarios a combatir el error tal como se enseña por sus exponentes populares” en lugar de confundir a los estudiantes “con muchos nombres alemanes desconocidos fuera de los muros universitarios”. Pero, Machen insistía en el método doctoral del procedimiento:

… se basa simplemente en una creencia profunda en la presencia de las ideas. Lo que hoy es una cuestión de especulación académica empezará mañana a mover ejércitos y a destruir imperios. En esa segunda fase, ya ha ido demasiado lejos para combatirla; el tiempo de detenerla fue cuando todavía era un debate desapasionado. Así que, como cristianos debemos tratar de dar forma al pensamiento del mundo de tal manera que la aceptación del cristianismo sea algo más que un absurdo lógico. 17

Así, paradójicamente, los libros más efectivos en apologética no serán los libros de apologética en lo absoluto. Sino serán monografías doctorales en áreas de estudio especializado. Traje conmigo unos pocos de los mejores libros que conozco en apologética cristiana. Pudieran sorprenderles a algunos de ustedes: The Nature of Necessity[La Naturaleza de la Necesidad] de Alvin Plantinga, el comentario del Evangelio de Marcos de Robert Gundry commentary on the Gospel of Mark, The Book of Acts in the Setting of Hellenistic History [El Libro de los Hechos dentro del Marco de la Historia Helenista] de Colin Hemer, The Design Inference [La Inferencia del Diseño] de William Dembski, The Logic of God Incarnate [La Lógica del Dios Encarnado] de Thomas Morris. Estos son el tipo de libros que se estudiarán y discutirán durante muchos años en los círculos intelectuales y en las aulas y que moldearán el pensamiento de las futuras generaciones. Establecerán la base para libros populares y excelentes de apologética como los de Lee Strobel para las personas no expertas y así influenciar aun a las masas.

Para cambiar la cultura, debemos cambiar la universidad. Para cambiar la universidad, debemos hacer apologética profesional. Para hacer apologética profesional, debemos obtener doctorados. Así de simple.

Además, –  hablando ya a nivel personal -, estarás asombrado de las puertas de oportunidad que se te abrirán si tienes un doctorado. Esto lo note de inmediato después de terminar mis estudios. Estábamos haciendo un tour de conferencias en universidades británicas, y en la Universidad de Nottingham tuve la oportunidad de hablar en un aula. El catedrático me presentó diciendo, “El Dr. Craig fue alumno de John Hick en la Universidad de Birmingham  y de Wolfhart Pannenberg en la Universidad de Munich”. Hizo una pausa y luego dijo, “estos son nombres importantes, y estamos privilegiados de tener al Dr. Craig de que dirija un discurso a esta clase”. Sonreí por dentro y dije, “¡Gracias Señor!”. Estaba muy contento de llevar las capas de mis mentores para dar una defensa del teísmo cristiano.

Apenas este mes pasado Jan y yo estuvimos en China, donde hablé como invitado del departamento de filosofía de una universidad importante. Presenté un argumento moral a favor del teísmo, y, en respuesta a las preguntas de los estudiantes, incluso pude compartir mi testimonio personal de cómo vine a la fe en Cristo. Cuando llegue a la parte donde describo cómo finalmente entregué mi vida a Cristo, ¡los estudiantes de hecho empezaron a aplaudir! Fue aleccionador más tarde reflexionar que esa extraordinaria oportunidad no esta abierta a misioneros tradicionales sino que esta de par en par a los cristianos que tienen las credenciales académicas que se requieren.

Tener un doctorado abrirá puertas de ministerio para ti, que de otra manera permanecerían cerradas. Tengo buenos amigos que son apologistas cristianos que a una edad temprana no escogieron buscar un estudio doctoral y que sus ministerios están cohibidos como resultado. Los tipos de escenarios que acabo de describir están cerrados para ellos, tanto en casa como en el extranjero. Obtener un doctorado expandirá sus horizontes en su ministerio.

No será fácil. Las estructuras de poder en ciertos campos son muy a menudo extremadamente anti cristianas. Los estudiantes que son cristianos evangélicos pudieran ser eliminados al negarles el rango o el puesto profesoral. Habrá y ya ha habido, victimas de discriminación anti cristiana en el proceso. Pero con el tiempo, más y más de nosotros lo lograremos. Las licenciaturas en filosofía están inundadas de estudiantes cristianos tratando de ascender gradualmente a través del sistema. La Escuela Talbot de Teología tiene en este momento el programa de maestría más grande en filosofía de cualquier otra institución de habla inglesa. A mis colegas y a mí en Talbot a veces se nos acercan filósofos en universidades seculares invitándonos a que enviemos a algunos de nuestros graduados para hacer trabajo doctoral con ellos. Esto puede pasar en otros campos también. Conforme la vieja guardia desaparezca gradualmente y a jóvenes cristianos intelectuales se les contrate en su lugar, el rostro de la universidad cambiará. Lo que dijo Thomas Kuhn de las revoluciones científicas también es cierto de las revoluciones cristianas: se llevan a cabo con un funeral a la vez.

Ahora, entiendo que para algunos de ustedes, pudieran tener un llamado diferente. En su caso, especialmente para aquellos de ustedes que son pastores, les aliento a que estén al pendiente de estudiantes a los que puedan dirigir en programas de doctorado. Por otra parte, si tienes menos de 35 años, los estudios de doctorado todavía son una opción realista que te animo a que analices. Las llaves del éxito serán, primero, escoger un tema para tesis el cual te apasione, y, segundo, encontrar un mentor en una universidad secular que este al menos este abierto al tema de tu tesis. Es posible que tengas que escribir un tema más neutral del que te gustaría para no levantar oposición a tu candidatura. Por ejemplo, mi tesis doctoral de la resurrección de Jesús era principalmente una historia de la apologética histórica a favor de la resurrección. Una vez que tuve el título con toda seguridad en mi mano, entonces publiqué como un segundo volumen los cientos de páginas que había escrito de mi propia apologética histórica a favor de la resurrección.

Si te sientes llamado a volverte un apologista cristiano, entonces, aunque no puedo presumir de conocer la voluntad de Dios para ti, te invito a que consideres seriamente completar los estudios de doctorado. Profundizará y enriquecerá tu vida, te abrirá puertas de ministerio para ti, y acrecentará grandemente tu impacto a favor del Reino.

3. Ten presente tu formación espiritual personal. Finalmente lo más importante no es lo que haces, sino quien eres. No siempre estoy entusiasmado de conocer a un estudiante que me dice que quiere volverse un apologista cristiano. Algunas veces uno detecta que lo que el estudiante quiere realmente es ser el centro de atención y obtener la gloria. O puede haber un espíritu de contención o arrogancia en él. O tal vez un deseo de que se le reconozca por otros para equilibrar un sentido de inferioridad personal. Por supuesto que somos personas caídas y que ninguno de nosotros tiene motivos que sean completamente puros. Pero es vitalmente importante que, como representante de Cristo al público, el cristiano apologista sea una persona que este lleno del Espíritu Santo y camine humildemente con Dios.

La apologética es inherentemente una disciplina agonal. Es decir, es combatiente, implica una lucha de ideas. Tiende a promover una ambición egoísta, arrogante y de competitividad. Pero esta no es el tipo de sabiduría que Dios atesora. Por el contrario, el le llama “demoniaca”. Vean Santiago 3.13-15 “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad, porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.” Noten la progresión: “terrenal, animal, diabólica”. Este tipo de sabiduría demoniaca del mundo es personalmente destructiva, tanto para ti como para otros alrededor tuyo.

Creo que el orgullo es tal vez el enemigo más peligroso e insidioso que el apologista cristiano enfrentará. Podemos hacer una buena obra doctoral, pero si estamos llenos de vanagloria, obstaculizará lo que decimos por la manera que somos. El orgullo le grita a la gente y la aleja. Menoscabará el mensaje que traemos.

Entonces ¿qué podemos hacer para combatir esta actitud? Primero, necesitamos entender la preeminencia del amor sobre el conocimiento en la economía de Dios. Pablo escribió, “el conocimiento envanece; más el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no lo sabe como debe saberlo” (1Cor. 8.1b-2). El hijo más sencillo de Dios que vive en amor es más sabio que todos los Bertrand Russells que el mundo haya visto. Si nos falta amor, entonces todo nuestro conocimiento sólo nos hace grandes charlatanes intelectuales envanecidos que son verdaderamente ignorantes de lo que más importa.

Segundo, necesitamos darnos cuenta de lo débil de nuestros propios logros intelectuales. Sócrates dijo que el era el hombre más sabio en Atenas porque sabía que no sabía nada. Y de manera similar, dice Pablo, “Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe como debe saberlo” debemos reflexionar en lo débil y la finitud y limitado de nuestro propio conocimiento. Cuando eso pasa, nos damos cuenta cuan tonto es ser orgulloso. Entre más aprendemos, más nos damos cuenta cuan poco sabemos. Debiéramos ser como Newton, quien reflexionando en el éxito de su gran Principia, escribió:

No sé que puedo parecerle al mundo; pero a mí, parezco haber sido sólo como un muchacho, jugando a la orilla del mar, y divirtiéndome, y de vez en cuando encontrando una piedrecita más lisa o una concha más bonita de lo común, mientras que el gran océano de la verdad yace ahí, delante de mi, todo él sin descubrir.

Finalmente, tercero, deberíamos prestar atención a las palabras del teólogo medieval Hugh de San Victor cuando escribió:

Ahora bien, el principio del [estudio] es la humildad. Aunque las lecciones de la humildad son muchas, las tres que siguen son de una importancia especial para el estudiante: primero, que no desprecie ningún conocimiento y ninguna escritura; segundo, que no se avergüence de aprender de quien sea; y tercero, que cuando haya alcanzado el aprendizaje, no menosprecie a nadie.

Como cristianos apologistas se nos llamó como siervos de la Iglesia y deberíamos conducirnos como tales.

En general, nosotros como cristianos apologistas se nos ha llamado a la misma santidad de vida a la que se les llama a todos los discípulos de Cristo. Es vitalmente importante que, como siervos de Cristo, cada uno de nosotros sea una persona que se arrodilla para pasar un tiempo con Dios, que depende diariamente de la llenura del Espíritu Santo para vivir una vida agradable y aceptable a Dios. Debemos buscar la gloria de Cristo, y no la nuestra. Debemos estar abiertos a la crítica y estar dispuestos a ver nuestras fallas, para aprender de nuestros críticos. No debemos anteponer nuestra carrera o estudios que a nuestra familia, más bien estar preparado para dejar los estudios aun nuestra carrera si es necesario por causa de aquellos que amamos. Debemos guardarnos del pecado, incluyendo el pecado sexual, así como en pensamiento también en hecho, para no deshonrar a Cristo. Debemos aprender lo que significa, no meramente hacer las cosas para Dios, sino ser la persona que Dios quiere que seamos.

A menos que aprendamos a ser lo que Dios quiere que seamos, todos nuestros logros de los que nos ufanamos serán como madera, heno y hojarasca. Nuestra formación espiritual es por lo tanto tan vitalmente importante como nuestra formación intelectual como apologistas cristianos.

En conclusión, entonces, si Dios te esta llamando a un ministerio de apologética cristiana, mi consejo para ti es seleccionar algún área en la cual especializarte, obtener un doctorado en tu área de especialización y tener presente tu formación espiritual personal. ¡Que Dios levante una nueva generación de apologistas cristianos, comprometidos con Su verdad, que sean excelentes en su trabajo, y vivan la vida de Cristo, para que las vidas de millones puedan ser tocadas y transformadas como resultado!

 

Referencias

1 Richard Swinburne, The Coherence of Theism [La Coherencia del Teísmo](Oxford: Clarendon Press, 1977), p. 7.

2 R. T. France, “The Gospels as Historical Sources for Jesus, the Founder of Christianity,” [Los Evangelios como Fuentes Históricas de Jesús, el Fundador del Cristianismo], Truth 1 (1985): 86.

3 R. W. Funk, R. W. Hoover, and the Jesus Seminar, “Introduction” to The Five Gospels [Introducción a los Cinco Evangelios] (New York: Macmillan, 1993), p. 2.

4 David Friedrich Straufl, The Life of Jesus, Critically Examined [La Vida de Jesús, Examinada de Forma Crítica], trans. George Eliot, ed. con una Introducción de Peter C. Hodgson, Lives of Jesus Series (London: SCM Press, 1973), p. 736.

5 Funk, et. al., “Introduction,” p. 3.

6 Ibid., pp. 2-3.

7 Gerd Lüdemann, “Die Auferstehung Jesu,” in Fand die Auferstehung wirklich statt?, p. 16.

8 Gert Lüdemann, The Resurrection of Jesus [La Resurrección de Jesús], trans. John Bowden (Minneapolis: Fortress Press, 1994), p. 12.

9 Ibid., p. 249.

10 Thomas V. Morris, Philosophy and the Christian Faith [La Filosofía y La Fe Cristiana], Universidad de Notre Dame Estudios en Filosofía de la Religión 5 (Notre Dame, Ind.: University of Notre Dame Press, 1988), pp. 3-4.

11 See George Campbell, Dissertation on Miracles [Disertación sobre los Milagros] (1762; rep. ed.: London: T. Tegg & Son, 1834); Gottfried Less, Wahrheit der christlichen Religion (Gˆttingen: G. L. Fˆrster, 1776); William Paley, A View of the Evidences of Christianity [Una Perspectiva de las Evidencias del Cristianismo], 2 vols., 5th ed. (London: R. Faulder, 1796; reprint ed.: Westmead, England: Gregg, 1970); Richard Swinburne, The Concept of Miracle [El Concepto de Milagro] (New York: Macmillan, 1970); John Earman, “Bayes, Hume, and Miracles,” “Bayes, Hume, y los Milagros”,  Faith and Philosophy [La Fe y la Filosofía] 10 (1993): 293-310; George Mavrodes, “Miracles and the Laws of Nature,” [Los Milagros y las Leyes de la Naturaleza], Faith and Philosophy [La Fe y la Filosofía]2 (1985): 333-346; William Alston, “God’s Action in the World,” in Divine Nature and Human Language [La Acción de Dios en el Mundo, en La Naturaleza Divina y el Lenguaje Humano] (Ithaca, N. Y.: Cornell University Press, 1989), pp. 197-222.

12 Antony Flew en Did Jesus Rise from the Dead [¿Jesús Se Levanto de los Muertos?], ed. Terry L. Miethe (San Francisco: Harper & Row, 1987), p. 4.

13 Marcus Borg, “Seeing Jesus: Sources, Lenses, and Method,” in The Meaning of Jesus [Ver a Jesús: Fuentes, Lentes, y Método, en El Significado de Jesús], por Marcus Borg y N. T. Wright (San Francisco: Harper-Collins, 1999), p. 7.

14 Ibid.

15 Ibid., p. 54.

16 Marcus J. Borg, The God We Never Knew [El Dios que Nunca Conocimos] (San Francisco: Harper-San Francisco, 1997), pp. 48-9.

17 J. Gresham Machen, “Christianity and Culture,” [El Cristianismo y la Cultura], Princeton Theological Review 11 (1913): 6.

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