La farsa de ‘mi cuerpo, mi elección’

Para los típicos defensores del aborto, la cuestión del aborto se reduce a la autonomía corporal. Los pro-choice (o pro-aborto) dicen que dado que el bebé reside dentro del cuerpo de la madre, se debe permitir que la madre haga un aborto y lo retire si así lo desea. “Su cuerpo, su elección”. Lástima (para ellos) que hay un gran problema con ese argumento: el bebé no es parte de su cuerpo, ni siquiera es propiedad de la madre.

Los seres humanos tenemos ciertos derechos inalienables, como se enumeran en cada Constitución de cada país. Primero y principal entre éstos derechos fundamentales es el derecho a la vida (y el argumento ya mencionado se basa en la petición de principio de que el nonato no es humano). Ya que es mediante ésta que ejercemos nuestros proyectos y forjamos nuestras aptitudes. Pero nuestros derechos y libertades terminan cuando infringen los derechos humanos de otra persona, o causan daño grave a otro ser humano.

Por lo tanto, el aborto no es una cuestión de elección de la mujer, sino de derechos civiles. Cuando las personas son privadas de sus derechos humanos básicos, sus derechos civiles son violados. Los bebés prematuros son privados de su derecho a la vida, el derecho más básico de todos, simplemente por su ubicación en el vientre materno y su estado de desarrollo. Lejos de ser un derecho humano, el aborto es una violación de derechos civiles discriminatoria y cruel de los más vulnerables entre nosotros.

Siguiendo la falaz línea de razonamiento pro-abortista. Surgen innumerables cuestiones. Si ésta, la vida, es parte de la mujer, entonces, ¿tiene la mujer cuatro brazos, cuatro piernas y cuatro ojos? ¿Es así un humano? La vida es parte de la mujer sólo en el sentido de que esa vida está viviendo y creciendo dentro de la madre. El cuerpo de la madre está alimentando la vida. Su cuerpo está separado de la vida que está creciendo en ella. La vida que está creciendo en el vientre puede tener un tipo de sangre diferente del de la madre y también tiene ondas cerebrales diferentes. Esta vida es por lo tanto independiente; tiene su propio ADN, su naturaleza es humana y su vida está separada totalmente de la madre. Las personas son libres de hacer lo que ellas quieran dentro de los límites de la ley. Por ejemplo, la ley dice que las personas no tienen el derecho de venderse como esclavos o embriagarse y salir a manejar en estado etílico. Aún cuando el aborto, en algunos países es legal, esto no significa que es correcto. La esclavitud fue legal pero esto no significa que fue correcta.

Para entender por qué “mi cuerpo, mi elección” es una reverenda falacia y un insulto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tenemos que entender la humanidad inherente del niño pre-nacido. La ciencia y la razón afirman que el aborto, por su misma naturaleza, destruye a otro ser humano.

La ciencia misma, empírica y tangible, deja claro que la vida humana comienza en el momento de la concepción. Los científicos han sido capaces de determinar el momento exacto en que se crea nueva vida humana, mediante la captura de la brillante destello de luz que es emitida como el esperma se encuentra con el óvulo.

En ese momento, tan pronto como se crea el pequeño cigoto genético, ahora existe un ser humano separado y único con su propio ADN, diferente del de la madre o del padre. Es en este momento, el momento mismo de la creación, que sabemos que el bebé pre-nacido es un ser separado. Si el bebé era parte del cuerpo de la madre, entonces no debería haber una diferencia en el ADN, pero sí la hay.

Citando al embriólogo Keith L. Moore: “Un embrión, un nuevo ser humano, viene a la vida cuando un zigoto es producido en la fertilización por la combinación de un espermatozoide y un óvulo”.

Citando al cirujano Everett Koop: “Un espermatozoide tiene veintitrés cromosomas; A pesar de que está vivo y puede fertilizar un óvulo, nunca puede hacer otro esperma. Un óvulo también tiene veintitrés cromosomas, y nunca puede hacer otro óvulo”.

Cómo vemos, un “ser humano” se define como cualquier individuo del género homo, especialmente un miembro de la especie homo sapiens, especialmente si se distingue de otros animales o representa a la especie humana. No existe una definición de “ser humano” que excluya al no nacido. El nuevo ser es un individuo genéticamente definido, con capacidad para auto-desarrollarse, dependiente pero al mismo tiempo autónomo respecto a la madre. La continuidad de su proceso evolutivo hace arbitrario cualquier intento de fijar su “humanidad” en algún punto entre el día de su concepción y el día de su defunción. Durante este espacio de tiempo, pese a las distintas etapas evolutivas, estamos en presencia de un mismo ser humano. En otras palabras, como demuestra la ciencia, un ser humano adquiere su identidad genética -diferenciada- en el mismo momento de la fecundación. En los nueves meses siguientes ese ser humano crece y se desarrolla, sin que en el momento del nacimiento haya ningún cambio sustancial que permita catalogarlo como un ser humano diferente a los que tienen un mes menos o un mes más de vida.

A los 21 días de la concepción, el bebé tiene un latido del corazón. Sólo unas semanas más tarde, hay ondas cerebrales medibles. Las importantes novedades se hacen en el primer trimestre; si el bebé es una niña, sus ovarios y útero ya están formados por 10 semanas. El bebé tiene uñas y sus propias huellas digitales, que ningún otro ser humano compartirá nunca. Antes de que termine el primer trimestre, un bebé pre-nacido ha crecido todos los órganos con los que va a nacer.

La ciencia nos dice que la humanidad de los bebés prematuros es un hecho simple, biológico. Así que si sabemos que los bebés prematuros son seres humanos, entonces la premisa “mi cuerpo, mi elección” ya no se aplica. La madre que elige el aborto no está quitando un crecimiento canceroso de su cuerpo, ni un mechón de pelo o una uña. Es un ser humano separado y vivo con derecho a la vida.

Conclusión: El derecho a controlar el propio cuerpo no justifica el asesinato intencional de otros. Tampoco anula nuestras obligaciones con los miembros más jóvenes y más vulnerables de la familia humana.

Algunos se basan en la soberanía de la madre para con el niño/a que lleva en el vientre. Pero la soberanía no puede ser absoluta. Considere una analogía: ¿Podemos hacer lo que queramos con alguien que esté en nuestra propiedad privada? ¿Podemos atacar o matar a personas inocentes que están pasando o buscando refugio? No, debemos respetar los derechos de otras personas. “La mera propiedad”, reconoce la filósofa pro-elección Mary Anne Warren,“no me da el derecho de matar a personas inocentes quien encuentro en mi propiedad.” Y lo mismo ocurre con el embarazo. ¿Puede una mujer embarazada ingerir drogas que sabe que causará daño a su hijo? Claramente no (y no creo que nadie apoye esto). Y si dañar conscientemente al niño está mal, matarlo (a través del aborto) es aún peor. La autonomía del cuerpo es importante, pero hay límites obvios a esa autonomía cuando el cuerpo de otra persona también está involucrado.

De hecho, el argumento de autonomía se burla del sentido común y la justicia. La naturaleza única del embarazo -la dinámica corporal entre un niño no nacido y su madre- no es, como supone el argumento, una razón para pensar que el matar o el descuidar es permisible. En cambio, es un recordatorio de que los seres humanos están conectados y dependientes entre sí.

“El llamado derecho al aborto ha sembrado la violencia y la discordia en el corazón de las relaciones humanas más íntimas”, observó la Madre Teresa de Calcuta. “Ha retratado el mayor de los regalos -un niño- como un competidor, una intrusión y un inconveniente. Se ha otorgado nominalmente a las madres un dominio sin restricciones sobre las vidas independientes de sus hijos e hijas físicamente dependientes”.

Este “poder inconcebible”, dijo la Madre Teresa, debe ser rechazado. Tanto la madre como el niño merecen respeto, protección y cuidado.

Las mujeres pueden ser capaces de hacer lo que quieren con sus propios cuerpos, pero esto no implica que puedan violar las leyes a su gusto, sus derechos terminan cuando empiezan los derechos humanos de otra persona. “Mi cuerpo, mi elección” es una declaración engañosa porque el hijo de una mujer no forma parte del cuerpo de la mujer, y está poniendo a ese niño no sólo en riesgo de daño corporal, sino que está eligiendo la muerte para él o ella.

Respuesta a Amnistía Internacional, El Surtidor y a la izquierda feminista paraguaya.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. McMagnus dice:

    Buenísimo.

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  2. Damián Mazacotte dice:

    Excelente artículo

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  3. Lizette dice:

    Segundo artículo tuyo sobre el feminismo y sus mitos que leo… realmente es grato saber que aún existen voces que pelean por la verdadera igualdad social desmontando los prejuicios feministas. Ojalá sigas con tu trabajo, es espléndido… lo digo yo, una estudiante de 21 años que lucha por la verdadera igualdad en mi país, Argentina.

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