El mejor razonamiento para la Existencia de Dios: El código comparado

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¿Qué es un código? A lo largo y ancho de la historia humana se han creado distintos tipos de códigos para resolver problemas y hacer de la comunicación una tarea más eficiente. Básicamente, hemos creado códigos con dos finalidades: 1) como un sistema de comunicación ya sea utilizando sonidos, destellos, letras o símbolos (como un sistema de encriptación) y 2) una colección o un compendio organizado estructuralmente de leyes, reglas o regulaciones.

Los niños se divertían mucho mandando notas escritas a mano en los salones de clase. El desafío era evitar que se diera cuenta la maestra. Los más “sofisticados” las cifraban en un “mensaje secreto” que solo lo podía desencriptar aquel que entendiera el lenguaje de bajo nivel en el que estaba escrito el código.

Recién más tarde, aprendimos la amplia aplicación que tienen los códigos en una variedad de campos. Códigos de encriptación, análogos a nuestros burdos intentos de la escuela primaria, han sido usados para enviar mensajes en tiempos de guerra a lo largo del siglo XX. Esta tecnología se ha introducido en la vida cotidiana en el envío de correos electrónicos privados, donde el programa de envío de e-mails en nuestra computadora brinda el proceso de encriptación/desencriptación (traducción). Se han creado estándares de protoclos para lograr esta codificación y decodificación entre las máquinas, ANSI/TIA/EIA son algunos de los organismos inteligentes tras el modelo OSI de las siete capas computacionales que permiten la transferencia de información. Otro tipo, el Código Universal de Productos (UPC), consiste en líneas paralelas de ancho y separación variables impresos en la mercadería que brindan información acerca del producto.

Pero, ¿qué es entonces un código de bajo nivel?

En informática, los programadores escribimos códigos que funcionan como recetas o planos. El código instruye a la computadora para que realice ciertas operaciones (lógicas, matemáticas o aritméticas), de la misma forma que una receta instruye a un cocinero cómo preparar un determinado platillo o un plano (diseñado por un arquitecto) instruye al ingeniero las pautas para constuir la estructura de un edificio. La programación de las computadoras puede ocurrir en dos niveles. Hay códigos de alto nivel, escritos en lenguajes de programación, como BASIC, que permiten al programador “hablar” con la computadora usando frases naturales, similares al inglés (o español). Estos son traducidos por compiladores a códigos de bajo nivel escritos en lenguajes específicos para el procesador de computadora que se está usando. (Algorítmica y Lenguajes de Programación, Graciela López Molinas, p. 126, 2002)

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Los códigos de computadora de bajo nivel son muy crípticos (Algorítmica y Lenguajes de Programación, p. 127), ya que usan breves elementos mnemónicos para representar cada operación específica. Los elementos mnemónicos de tres letras como ADD, SUB, MUL o DIV son obvios, pero otros como CMP (comparar), CLR (limpiar registro), XOR (operación binaria de “O exclusivo”) no. Cada una de estas operaciones es traducida luego por un ensamblador en una secuencia de ceros y unos (las computadoras usan el sistema binario de 0 y 1 en vez del decimal de 0 a 9 para representar números) llamado código máquina, que la computadora entiende para realizar operaciones.

El conjunto específico de ceros y unos usado para definir el código máquina está diseñado cuidadosamente para asegurar que todas las operaciones estén codificadas correctamente y que la información asociada que acompaña a la operación estén incluidas de la forma más eficiente.

Entonces, ¿cuál es la estrecha relación entre un Diseñador y el código de las computadoras?

Por elegantes y sofisticados que son estos códigos computacionales, empalidecen en comparación con el código genético de la naturaleza, que determina cómo una proteína debe ser construida.

El código genético reside en el corazón de la química de la célula. Este código –universal para todos los organismos, al menos en una primera aproximación– consiste en un conjunto de reglas. La maquinaria de la célula usa estas reglas para convertir la información almacenada en el ADN en información que se expresa funcionalmente en las proteínas.

La experiencia enseña (y lo que hemos visto a lo largo de este artículo) que los mensajes inteligibles (información) provienen de fuentes inteligentes. Un código requiere que alguien lo cree, y esta experiencia común hace que el código genético sea un potente indicador de diseño inteligente.

Ocurre lo mismo con la capacidad del código genético de soportar errores producidos por mutaciones. Aun cuando las mutaciones son potencialmente dañinas, las reglas que definen el código genético parecen estar construidas cuidadosamente para minimizar esos errores. De hecho, la investigación indica que el código genético universal tiene una mejor capacidad de minimización de errores que prácticamente cualquier otro conjunto de reglas concebible que pudiera haber sido usado para construir el código genético. Una organización tan radical es el epítome del diseño inteligente.

Pero aún no termina aquí. Trabajos recientes indican que el ADN alberga códigos adicionales que recubren el código genético (Eran Segal, “A Genomic Code for Nucleosome Postioning,” Revista Nature, número 442, pp. 772-78). Estos códigos consisten en reglas que dirigen independientemente la fijación de proteínas llamadas histonas y factores de transcripción al ADN y dictan procesos como el doblado y la división del ARN mensajero. Estas actividades críticas dirigidas por códigos regulan la producción de proteínas. De nuevo, un código requiere una mente para crearlo. Y los códigos múltiples superpuestos requieren una mente para estructurarlos de forma tal que trabajen conjuntamente, en vez de interferir entre sí. Como si esta evidencia no fuera suficiente, otro nuevo estudio muestra que el código genético está optimizado también para albergar los códigos superpuestos.

A diferencia del sistema binario de ceros y unos usado por las computadoras, el código genético usa cuatro nucleótidos químicos representados por las letras A, T, G y C (adenina, timina, guanina y citosina, respectivamente). Los tripletes de estas letras, llamados codones, son dispuestos en una secuencia de ADN que comprende el programa, receta o plano para la cadena de aminoácidos que forman las proteínas, los bloques constructivos de la vida. Como el código máquina, el código genético ha sido diseñado cuidadosamente de forma tal de contener redundancia y resistir la corrupción. Lo más asombroso es cómo este código genético está optimizado de varias formas, como ya hemos visto. Como ocurre con las computadoras, los espías o aun los niños de la escuela, nada de esta información asombrosa parece posible fuera de la obra de un diseñador muy ingenioso.

¿Puede la evolución explicar este código asombroso? No.

¿De dónde proviene la información? Todas las visiones evolutivas son fundamentalmente incapaces de responder a esta pregunta crucial por medios meramente naturalistas. La evidencia científica (Leyes de Mendel) indica que la información genética siempre se pasa de los padres (aunque si la evolución es verdad, originalmente no existiría el padre). Entonces, ¿cómo se originó la información? ¿Cómo podría originarse, sin un padre inicial capaz de crear información genética?

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Obviamente, la existencia de información genética, su transferencia de padres a hijos y el mecanismo -el software y el hardware- por el cual se transfiere son críticos para la vida. Más importante aún, su origen debe ser explicado, ya que el debate eterno de creación/evolución depende de esa explicación. Bajo el modelo evolutivo, la primera vida tenía que ser rica en información, aunque siendo el producto de la materia no viva (inorgánica). A partir de esa vida, una inmensa cantidad de otra información tuvo que ser “escrita” o “programada” en el genoma con el tiempo a través de mutaciones durante la reproducción para que los seres humanos existieran hoy en día. Y sin embargo, según las palabras de Werener Gitt, físico y ex-director del Information Technology Division at the German Federal Institute of Physics and Technology, la realidad es la siguiente: “No hay ley conocida de la naturaleza, ningún proceso conocido, y ninguna secuencia conocida de acontecimientos que pueda hacer que la información se origine por sí misma en la materia” (Werner Gitt, In the Beginning was Information -En el Principio fue la Información-, 2007)

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Nuestra experiencia personal nos dice que la información proviene sólo de fuentes inteligentes. De hecho, en toda la historia del universo (y la historia de la ciencia) nunca se ha identificado un único caso de información que provenga de otra cosa que no sea la inteligencia. Esto presenta un problema para aquellos que intentan permanecer “en la habitación” del universo para dar cuenta de la información genética. Si nos limitamos a los materiales disponibles en el universo, la información debe explicarse a partir de la materia, el azar, las leyes de la química o la física, y nada más.

Manfred Eigen, químico biofísico galardonado con el Nobel, reconoció el gran desafío del origen de la información cuando dijo una vez: “Nuestra tarea es encontrar un algoritmo, una ley natural que conduzca al origen de la información”. Los esfuerzos para explicar la información de esta manera han fallado repetidamente. De hecho, la información en el ADN demuestra ser el obstáculo decisivo para cada teoría naturalista ofrecida para el origen de la vida.

Cuanto más aprendamos acerca del origen de la vida en nuestro universo, más razonable es el caso de la existencia de Dios. Los bloques de construcción de la vida (proteínas, ribosomas, enzimas, etc.) se forman en la dirección de secuenciación específica de nucleótidos en el ADN, la molécula más grande conocida. En los seres humanos, el ADN contiene miles de millones de átomos. Las bases de adenina, guanina, citosina y timina en el ADN están enlazadas en un orden particular para formar el código genético que contiene el plan maestro para cada organismo. La información en el ADN guía e instruye la formación de proteínas; sin ella, la formación de proteínas sería un azar. La secuencia nucleica en el ADN es informativa.

El físico Paul Davies lo expresa así: “Una vez comprendido este punto esencial, el problema real de la biogénesis es claro. Desde los éxitos embriagadores de la biología molecular, la mayoría de los investigadores han buscado el secreto de la vida en la física y la química de las moléculas. Pero buscarán en vano la física y la química convencionales para explicar el origen de la vida, ya que es un caso clásico de confundir el medio con el mensaje. El secreto de la vida no radica en su base química, sino en las reglas lógicas e informativas que presenta”.

La disposición casual de la información en el ADN es prohibitivamente improbable, y no hay leyes químicas o físicas en el trabajo para dictar su existencia. Nos queda, pues, una paradoja: las leyes y fuerzas de la naturaleza no pueden producir información, pero la información es necesaria para que comience la vida. Como Paul Davies lamenta, “todavía nos queda el misterio de donde proviene la información biológica… si las leyes normales de la física no pueden inyectar información, y si estamos descartando milagros, entonces ¿cómo puede la vida predeterminada e inevitable en lugar de un extraño accidente? ¿Cómo es posible generar complejidad y especificidad aleatorias juntas de una manera legal? Siempre volvemos a esa paradoja básica.”

¿En qué bando pondremos nuestra confianza? ¿En una serie de procesos ciegos y mutaciones accidentales o en un Diseñador inteligente que ajusto finamente nuestra existencia? Dada la total incapacidad del azar o la ley natural, y nuestras observaciones relacionadas con el origen de la información, la inteligencia es la mejor explicación. Los procesos físicos no guiados simplemente no pueden realizar la tarea. La evidencia científica y la complejidad de los sistemas biológicos comparados con los lenguajes de alto y bajo nivel en la Informática nos dan una respuesta contundente: como en todo software informático, existe un programador inteligente tras la pantalla; asimismo, se ha dicho que la física es el lenguaje del universo y la genética el lenguaje de la vida, entonces podemos concluir lógicamente que existe un programador detrás del universo.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Lizbeth dice:

    Excelente artículo

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  2. Chevo dice:

    Magistral!

    Me gusta

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