Especial de Semana Santa: ¿Resucitó Jesús históricamente de entre los muertos?

El Apóstol Pablo lo abogó todo en la resurrección de Jesucristo. Como dijo en 1 Corintios 15, la verdad y la significación de la fe cristiana descansan en este acontecimiento sobrenatural. Si Jesús no resucitó de los muertos, entonces la fe en Cristo es fútil y predicar el evangelio cristiano es una pérdida de tiempo. Por otro lado, si Cristo es resucitado de los muertos, entonces ese evento se convierte en el evento más importante en la historia humana. Si él es resucitado, entonces nada puede ser más significativo que tener fe en él, y ninguna actividad más importante que predicar su mensaje.

Por lo tanto, la pregunta más importante que tenemos ante nosotros es: ¿Se levantó Jesús de entre los muertos? Los cristianos, por supuesto, creen que sí. Pero ¿hay alguna razón para creer en la resurrección de Jesús? Lo que es más, no es ningún secreto que los autodenominados escépticos y los opositores del cristianismo han atacado la resurrección en numerosas ocasiones a lo largo de los siglos, sosteniendo que es una fabricación de la iglesia primitiva.

En este artículo, la evidencia histórica de la resurrección de Jesús será presentada y defendida contra las objeciones. Como veremos, la resurrección de Jesús es un evento histórico bien atestiguado por múltiples ojos.

Puntos sobre las íes. Los hechos históricos no sólo son las declaraciones de un historiador sobre ciertos acontecimientos, también lo es el propio acontecimiento histórico o una información exacta sobre ese acontecimiento que afirma su validez. Así que el asesinato de Abraham Lincoln, por ejemplo, es un hecho histórico, es decir, es un acontecimiento que realmente sucedió. De manera alterna, la proposición “Lincoln fue asesinado” es un hecho histórico, es decir, una pieza de información acertada acerca de algún acontecimiento. Aquí no hay nada misterioso. Por lo tanto, cuando digo, por ejemplo, “Hay ciertos hechos históricos que deben ser explicados por alguna hipótesis histórica adecuada de lo que sucedió con Jesús,” lo que quiero decir es que cualquier relato adecuado de lo que le sucedió a Jesús debe proporcionar una explicación de ciertos acontecimientos (típicamente, el descubrimiento de su tumba vacía, sus apariciones post-mortem y el origen de la creencia de los discípulos en su resurrección).

Cuando se les pide a los cristianos que presenten evidencia de que sus creencias están basadas en la verdad y no en leyendas o ilusiones, invariablemente mencionan la resurrección de Jesús. Las razones, según J.I. Packer, profesor emérito de Regent College, son numerosas y de importancia crítica:

«La resurrección, eso dicen, es la demostración de la deidad de Jesús, dio validez a sus enseñanzas, culminó su obra de expiación por el pecado, confirmó su dominio cósmico presente y su próxima reaparición como Juez, nos asegura que su perdón, presencia y poder personal en la vida de las personas de hoyes un hecho, y garantiza a todos los creyentes su propia re-personificación por la resurrección en el mundo venidero» (Gary Habermas y Anthony Flew, Did Jesus Rise from the Dead? [¿Resucitó Jesús de entre los muertos?], Harper & Row, San Francisco, CA, EE.UU., 1987)

Cuando se depende tanto de la realidad de la resurrección de Jesús es alentador saber que este hecho sobrenatural está extensamente documentado en los registros históricos. Incluso, el poco convencido, Sir Lionel Luckhoo, identificado en el Libro Guinness de los Récords Mundiales como el abogado más exitoso del mundo, se vio obligado a concluir después de un análisis exhaustivo de la evidencia:

«Digo inequívocamente que la evidencia a favor de la resurrección de Jesucristo es tan abrumadora que obliga a aceptar los hechos por las pruebas aportadas y no deja absolutamente lugar a duda». (Citado por Ross Clifford, ed., The Case for the Empty Tomb: Leading Lawyers Look at the Resurrection [El caso del sepulcro vacío: destacados abogados estudian la resurrección], Albatros, Claremont, CA, EE.UU., 1991, p. 112.)

Afortunadamente, el cristianismo, como religión arraigada en la historia, hace afirmaciones que pueden, en buena medida, ser investigadas históricamente. Supongamos, entonces, que nos acercamos los escritos del Nuevo Testamento, no como Escritura inspirada, si no meramente como una colección de documentos en griego que nos han llegado desde el primer siglo, sin ninguna presunción acerca de su fiabilidad más que aquella con la que consideramos normalmente otras fuentes de historia antigua. Podría sorprendernos descubrir que la mayoría de los críticos del Nuevo Testamento que se dedican a investigar los evangelios de esta manera admite los hechos centrales que subyacen a la resurrección de Jesús. Quiero enfatizar que no hablo sólo de estudiosos evangélicos o conservadores, si no del amplio espectro de críticos del Nuevo Testamento que enseñan en universidades seculares y seminarios no evangélicos. Asombroso como pueda parecer, la mayoría de ellos ha llegado a considerar como históricos los hechos básicos que apoyan la resurrección de Jesús. Estos hechos son los siguientes:

Primero, Jesús murió y la teoría el desmayo no tiene sustento

Para la mayoría de personas, concluir que Jesús murió no es difícil, debido a cualquiera de las dos siguientes razones. Primero, el creyente en la Biblia acepta el hecho que Jesús murió porque varios escritores bíblicos diferentes lo confirman. Segundo, el que no cree en la Biblia acepta la idea basada, no en la evidencia bíblica, sino en la idea que el orden natural de las cosas que ha experimentado en esta vida es que una persona viva y finalmente muera. Una vez que se ha establecido la evidencia suficiente para probar la existencia de Cristo en la historia, el naturalista o empírico no tiene problemas en aceptar Su muerte. Sin embargo, para proveer a estas personas con un fundamento mayor sobre este asunto, es bueno señalar que varios escritores seculares sostienen el hecho que Jesucristo sí murió. Escribiendo aproximadamente el año 115 d.C., Tácito, el antiguo historiador romano, documentó la muerte física de Cristo cuando escribió concerniente a los cristianos que “Pilato, gobernador de Judea, había ejecutado a su fundador, Cristo, en el reino de Tiberio” (1952, 15.44).

Aparte de las fuentes romanas, los antiguos rabíes judíos cuyas opiniones se registran en el Talmud, reconocieron la muerte de Jesús. Según estos rabíes antiguos,

Jesús de Nazaret fue un trasgresor en Israel que practicó la magia, menospreció las palabras de los sabios, extravió a la gente y dijo que no había venido a destruir la ley sino a añadirla. Fue colgado en la víspera de la Pascua por herejía y por engañar a la gente (Bruce, 1953, p. 102, énfasis añadido).

De igual manera, el historiador judío Josefo escribió:

Por este tiempo surgió Jesús, un hombre sabio…. Y cuando Pilato le condenó a la cruz por la acusación de los principales entre nosotros, los que le amaron al principio no cesaron (Antigüedades Judías, 18.3.3).

El hecho que Pilato condenó a Cristo a la cruz es históricamente incuestionable. Como el arqueólogo Edwin Yamauchi declaró:

Incluso si no tuviéramos el Nuevo Testamento o los escritos cristianos, podríamos concluir de los escritos no-cristianos como Josefo, el Talmud, Tácito y Plinio el Joven que…él [Jesús] fue crucificado bajo Poncio Pilato en el reino de Tiberio (1995, p. 222).

En este punto de nuestro estudio algunos pudieran sugerir que se considere la infame “Teoría del Desmayo” de Hugh Schonfield. Schonfield postuló que Cristo no murió en la cruz; en cambio, simplemente se “desmayó”. Después que fue colocado encima de una losa fría de piedra en el sepulcro oscuro, revivió y salió de Su tumba de piedra. Sin embargo, esta teoría no toma en cuenta la naturaleza atroz del azotamiento (algunas veces referido como la “muerte intermedia”) que Cristo había enfrentado en manos de los lictores romanos, o la destreza aguda de los soldados romanos cuyo trabajo era causar sufrimiento horrible antes de la crucifixión del prisionero. Para enfatizar este punto, en la edición de marzo de 1986 de la Revista de la Asociación Médica Americana, William Edwards y sus coautores escribieron un artículo, “Sobre la Muerte Física de Jesucristo” (“On the Physical Death of Jesus Christ”), que usaba la descripción médica moderna para proveer una idea exhaustiva de la muerte de Jesús (256:1455-1463). Dieciséis años después, Brad Harrub y Bert Thompson co-escribieron una revisión actualizada (“Un Examen de la Evidencia Médica para la Muerte Física de Jesucristo”) sobre la evidencia científica extensa en cuanto a la muerte física de Cristo (2002).

La evidencia comienza con la muerte de Jesús por medio de una flagelación y crucifixión brutales. Los hechos demuestran la falsedad de las teorías según las cuales simplemente se desmayó sobre la cruz, para luego recuperar la conciencia, con el aire fresco del sepulcro. «El peso de la evidencia histórica y médica indica fielmente que Jesús estaba muerto antes de que se le infligiera la herida en el costado derecho», según un artículo en la ya mencionada y prestigiosa revista de medicina Journal of the American Medical Association. «Por consiguiente, las interpretaciones basadas en la premisa de que Jesús no murió en la cruz parecerían estar en contraposición con la evidencia médica moderna». (Citado por William D. Edwards et al., «On the Physical Death of Jesus Christ» [Acerca de la muerte física de Jesucristo], Journal of American Medical Association, 21 de marzo de 1986, p. 1463.)

Consideremos los siguientes hechos: Se pasa por alto la herida que con su lanza romana le causó el centurión al Señor en el costado, con lo cual le salió agua y sangre. Esa era la evidencia empírica de que la vida había cesado, pues la sangre se había separado en sus elementos constitutivos. Está el testimonio del centurión enviado por Pilato, un hombre que trataba y andaba de un lado para otro con la muerte, cuya ocupación era la de ejecutor. Él sabía que Jesús había muerto. También estuvo el hecho de los lienzos que se hallaron en el sepulcro. Los judíos en volvían los cuerpos en esos lienzos, y utilizaban unos 45 kilogramos de especias aromáticas que ponían entre los pliegues, con lo cual los lienzos se adherían alrededor del cuerpo, a la manera de una momia. La cabeza también se envolvía. Las autoridades médicas declaran que si Jesús se hubiera desmayado, lo que se habría necesitado era aire puro, y no una tumba cerrada. Ciertamente lo que no se necesitaba eran lienzos envueltos alrededor de la cabeza ni especias aromáticas que cubriesen la nariz y la boca. Además, si se hubiese colocado a una persona que tuviera tal desmayo en un sepulcro frío, eso le habría producido un síncope cardíaco, de haber estado con vida. Supongamos que El lograra desenredarse de esos lienzos, sin enredarlos en ningún sentido, y luego fuera hasta la inmensa piedra que sellaba el sepulcro. Habría tenido que moverla con esas manos que habían sido atravesadas por los grandes clavos que usaban los romanos para crucificar. Habría tenido que colocarlas en la parte plana interna de la enorme piedra y simplemente hacerla rodar a un lado. Los términos griegos que se utilizaron en los Evangelios indican que la piedra fue rodada cuesta arriba. ¡En realidad, en sí misma, ésta ya es una hazaña milagrosa! Luego habría tenido que dominar a la guardia romana, que estaba armada, y caminar unos 22 kilómetros, que era la distancia que había que recorrer para un viaje a Emaús de ida y vuelta. Y eso habría sido sólo para aflojar sus pies luego de haber sido atravesados por los clavos, para que estuvieran en forma para el largo viaje hasta el norte de Palestina, a Galilea, ¡para lo cual tendría que trepar una montaña! El famoso crítico David Strauss, que no creía en la resurrección, pero tampoco creía en la necedad de la teoría del desmayo, dijo:

“Es imposible que uno que acababa de salir de la tumba, que medio muerto se arrastraba débil y enfermo, que necesitaba tratamiento médico, vendaje, fortalecimiento y, tierno cuidado, y quien al fin había sucumbido ante el sufrimiento, hubiera podido dar a los discípulos la impresión de que Él había vencido la muerte y la tumba -de que Él era el Príncipe de la Vida (impresión)- que estuvo en el fondo del futuro ministerio de ellos. Tal resurrección sólo hubiera podido debilitar la impresión que Él les había producido en la vida y en la muerte.”

Después de leer estas descripciones profundas, sostenidas médicamente, en cuanto a los horrores a que Cristo estuvo expuesto y las condiciones de Su cuerpo devastado, la Teoría del Desmayo rápidamente se desvanece. Jesús murió físicamente; todos podemos estar seguros de eso.

Segundo, Jesús fue sepultado por José de Arimatea

Este hecho es altamente significativo porque implica, contrariamente a los críticos radicales como John Dominic Crossan del Seminario de Jesús, que la ubicación del sitio de entierro de Jesús era conocido para judíos y cristianos por igual. Y a pesar de la sugerencia de John Dominic Crossan, en el documental de Jennings, (cf. pág  124) de que el cuerpo de Jesús posiblemente quedó sobre la cruz como «carroña para los cuervos y perros vagabundos», el erudito liberal fallecido, John A.T. Robinson, de la Universidad de Cambridge, afirmó que la sepultura de Jesús «es uno de los hechos más antiguos y mejor testimoniados que tenemos acerca de Jesús». ¿Qué evidencia tiene Crossan para pensar que la mayoría de los eruditos están equivocados acerca de esto? ¿Cómo él refuta las líneas múltiples de evidencia que han convencido a la mayoría de los eruditos del hecho de la sepultura realizada por José de Arimatea? ¿Qué evidencia ha descubierto que nos llevaría a pensar que el cuerpo de Jesús, en lugar, fue despojado como se imagina Crossan? En ese caso, los discípulos jamás podrían haber proclamado su resurrección en Jerusalén si la tumba no hubiera estado vacía. Los investigadores del Nuevo Testamento han establecido este primer hecho sobre la base de evidencia tal como la siguiente:

  • La sepultura de Jesús es atestada por una tradición muy antigua citada por Pablo en 1 Cor. 15.3: Pablo no sólo usa los términos rabínicos típicos “recibir” y “transmitir” con respecto a la información que está entregando a los corintios, si no que los vv. 3-5 son una fórmula de cuatro líneas altamente estilizada, llena de características no paulinas. Esto ha convencido a todos los estudiosos que Pablo está, tal como afirma, citando una antigua tradición que él mismo recibió después de su conversión al cristianismo. Esta tradición probablemente se remonta, por lo menos, a la visita de investigación que Pablo hizo a Jerusalén alrededor del año 36 DC, cuando pasó dos semanas con Cefas y Santiago (Gálatas 1.18). Data así de un período de cinco años desde de la muerte de Jesús. Tan corto espacio de tiempo, y tal contacto personal hace infundado hablar de leyenda en este caso.
  • La historia del entierro es la parte del material de una fuente muy antigua usada por Marcos al escribir su evangelio. Los evangelios tienden a consistir en breves instantáneas de la vida de Jesús vagamente conectadas y no siempre cronológicamente ordenadas. Pero al llegar a la historia de la Pasión nos encontramos con una narrativa fluida y continua. Esto sugiere que la historia de la Pasión fue una de las fuentes de información que Marcos usó para escribir su evangelio. Ahora, la mayoría de los estudiosos piensa que Marcos es ya el evangelio más temprano, y la fuente de Marcos de la pasión de Jesús es, por supuesto, aún más antigua. Una comparación de las narraciones de los cuatro los evangelios revela que sus recuentos no divergen entre sí, sino hasta después de la sepultura. Esto implica que el recuento del entierro era parte de la historia de pasión. De nuevo, su antigüedad milita contra la posibilidad de que sea legendaria.

Como miembro del tribunal judío que condenó a Jesús, es improbable que José de Arimatea sea una invención cristiana. Había un fuerte resentimiento contra los dirigentes judíos a causa de su papel en la condena de Jesús (1 Tesalonicenses. 2.15). Es, por consiguiente, muy improbable que los cristianos inventaran que un miembro del tribunal que condenó a Jesús honrara a Jesús dándole una sepultura apropiada en lugar de permitirle ser despachado como un delincuente común.

No existe ninguna otra historia de la sepultura competidora. Si el entierro por José fuera ficticio, esperaríamos encontrar algún rastro histórico de lo que realmente sucedió con el cadáver de Jesús, o por lo menos alguna leyenda competidora. Sin embargo, todas nuestras fuentes son unánimes en el entierro honorable de Jesús por José.

Tercero, la tumba de Jesús estaba vacía

Los cuatro Evangelios registran la creencia cristiana de que Jesús murió en una cruz romana, y fue enterrado en una tumba sellada y fuertemente custodiada, y aún el domingo por la mañana la tumba fue hallada vacía por varios de los seguidores de Jesús. Este es uno de los hechos más bien atestiguados de la historia antigua. Incluso los estudiosos liberales admiten que la tumba en la cual Jesús fue enterrado fue hallada vacía en la mañana de Pascua. De hecho, la gran mayoría de los intérpretes bíblicos, de todas las bandas teológicas, conceden la historicidad de la tumba vacía. Para que no haya duda, sin embargo, varios fragmentos de evidencia subrayan el hecho de la tumba vacía. Éstas incluyen:

  • El hecho de que la cuenta de la tumba vacía esté incluida en múltiples fuentes independientes. Los historiadores y los eruditos de la Biblia emplean a menudo lo que se llama el criterio de la certificación múltiple para verificar la autenticidad de un acontecimiento histórico. En este criterio, una historia se considera históricamente verificada si se registra en más de una fuente independiente consistente. La historia de la tumba vacía está incluida en Marcos y Juan. Estas son dos obras independientes. Además, Mateo incluye detalles de la tradición de la tumba vacía en material de origen único para su Evangelio. La tumba vacía también es presupuestada por Pablo en 1 Corintios 15:3-5 cuando se refiere al entierro y resurrección de Jesús. Pablo dice “que Cristo murió por nuestros pecados. . . Que fue sepultado, que fue resucitado al tercer día. . . “. Como dice el Dr. William Lane Craig: “Cuando Pablo dice que “Él fue resucitado”, esto implica necesariamente que la tumba quedó vacía”. La antigua tradición citada por Pablo en 1 Cor. 15.3-5 implica el hecho de la tumba vacía. Para cualquier judío del primer siglo, decir de un muerto “que fue enterrado y que fue levantado” es implicar que quedó atrás una tumba vacante. Es más, la expresión “en el tercer día” probablemente deriva de la visita de las mujeres a la tumba en el tercer día, en la forma judía de contar, desde la crucifixión. La tradición de cuatro versos citada por Pablo resume tanto el recuento de los evangelios como la temprana predicación apostólica (Hechos 13. 28-31); significativamente, la tercera línea de la tradición corresponde a la historia de la tumba vacía.
  • La historia de la tumba vacía también es parte de la antigua fuente de la pasión usada por Marcos. La fuente de la pasión usada por Marcos no concluía en muerte y derrota, sino con la historia de la tumba vacía, que es gramaticalmente de una pieza con la historia de la sepultura.
  • La historia es simple y carece de señales de embellecimiento legendario. Todo lo que uno tiene que hacer para apreciar este punto es comparar el recuento de Marcos con las locas historias legendarias que hallamos en los evangelios apócrifos del siglo segundo.
  • El sepulcro vacío, registrado o implícito en las fuentes originales del Evangelio de Marcos y del credo de 1 Corintios 15, fue aceptado por todos. Ni siquiera las autoridades romanas ni los dirigentes judíos alegaron que el cuerpo de Jesús todavía estaba dentro del sepulcro. En cambio, se vieron obligados a inventar la historia absurda de que los discípulos, aunque sin motivo ni oportunidad, habían robado el cuerpo, una teoría que ni siquiera el más escéptico de los críticos cree hoy en día.
  • La autenticidad del sepulcro vacío está reforzada por el hecho de que fue un descubrimiento realizado por mujeres, cuyo testimonio era tan desestimado en la cultura judía del primer siglo. Según Josefo, el testimonio de las mujeres era considerado de tan poco valor que ni siquiera era admisible en un tribunal de justicia judío. Cualquier historia legendaria tardía habría hecho, ciertamente, a discípulos masculinos descubrir la tumba vacía. «Que la tumba vacía fue descubierta por las mujeres argumenta a favor de la autenticidad de la historia porque hubiera sido embarazoso para los discípulos tener que admitirlo y de seguro se habría encubierto si hubiera sido una leyenda», observa William Lane Craig. Además, cita otro factor convincente: «La ubicación de la tumba de Jesús era conocida tanto por los cristianos como por los judíos. Por lo tanto, si no hubiera estado vacía, habría sido imposible que un movimiento fundado en la creencia de la resurrección pudiera haber surgido en la misma ciudad donde este hombre había sido ejecutado y sepultado públicamente». (John A.T. Robinson The Human Face of God [El rostro humano de Dios], Westminster, Philadelphia, EE.UU., 1973, p. 131; citado por William Lane Craig en Will the Real Jesus Please Stand Up: A Debate Between William Lane Craig and John Dominic Crossan [¿Podría el verdadero Jesús ponerse de pie?: un debate entre William Lane Craig y John Dominic Crossan], Baker, Grand Rapids, MI, EE.UU., 1998, p. 27.)
  • El hecho de que los líderes judíos acusaron a los discípulos de robar el cuerpo. En Mateo 28: 11-15, Mateo registra la historia de cómo los líderes judíos sobornaron a los guardias en la tumba para decir que los discípulos habían robado el cuerpo. Él dice que esta historia fue circulada ampliamente en Jerusalén durante ese mismo día. Mateo no pudo haber grabado este episodio (¡ni siquiera si estuviera mintiendo!) A menos que en Jerusalén se supiera que la tumba de Jesús estaba vacía. Podemos añadir a esto la observación de que si la tumba no estaba vacía, habría sido imposible para los discípulos haber predicado la resurrección de Jesús en Jerusalén como ellos lo hicieron.

Alrededor del año 165 d.C. Justino Mártir escribió su Diálogo con Trifón. Al comienzo del capítulo 108 de esta obra, registró una carta que la comunidad judía había estado circulando concerniente a la tumba vacía de Cristo:

Una herejía atea y anárquica ha surgido de un tal Jesús, un engañador galileo que fue crucificado, pero sus discípulos robaron su cuerpo de noche de la tumba donde fue colocado después que fue suelto de la cruz, y ahora engañan a los hombres declarando que él se levantó de los muertos y subió al cielo.

Aproximadamente en el siglo sexto, otro tratado mordaz para difamar a Cristo circuló entre la comunidad judía. En esta narración, conocida como Toledoth Yeshu, se describe a Jesús como el hijo ilegítimo de un soldado llamado José Pandera. Además se le cataloga como un engañador irrespetuoso que guió a muchos lejos de la verdad. Cerca del final del tratado, bajo una discusión de Su muerte, se puede encontrar el siguiente párrafo:

Se hizo una investigación diligente y no se le encontró [a Jesús] en la tumba donde se le había sepultado. Un jardinero le había sacado de la tumba, le había traído a su jardín y le había enterrado en la arena sobre la cual las aguas fluían al jardín.

Al leer la descripción de Justino Mártir de una teoría judía concerniente a la tumba de Cristo, y la teoría de Toledoth Yeshu, llega a ser claro que una hebra común las une a ambas—¡la tumba de Cristo no tenía el cuerpo!

Todas las partes involucradas reconocen el hecho que la tumba de Cristo estuvo vacía al tercer día. Sintiéndose obligados a dar razones para esta habitación libre inesperada, las autoridades judías aparentemente confeccionaron varias teorías diferentes para explicar la desaparición del cuerpo. La teoría más comúnmente aceptada parece ser la que cuenta que los discípulos de Jesús robaron Su cuerpo en la noche mientras los guardas dormían (Mateo 28:13). Aunque, ¿cómo pudieron los soldados identificar a algún ladrón si estaban dormidos? Y ¿por qué no fueron condenados a muerte los centinelas por dormirse en su trabajo (cf. Hechos 12:6-19)? E incluso una pregunta más apremiante viene a la mente: ¿por qué los soldados tenían que dar explicación por un cuerpo robado de una tumba?

Cuando Pedro se puso de pie para predicar en el Día de Pentecostés después de la resurrección de Cristo, el punto de su sermón se basó en el hecho, o hechos, que Jesús murió, fue sepultado y se levantó al tercer día. Para callar a Pedro y parar una conversión en masa, los líderes judíos simplemente necesitaban presentar el cuerpo de Cristo. ¿Por qué los líderes judíos no se embarcaron en la corta caminata hacia el jardín y presentaron el cuerpo? Simplemente porque no podían; la tumba estaba vacía. Los judíos lo sabían y trataron de justificarlo, los apóstoles lo sabían y predicaron acerca de esto claramente. Y miles de los habitantes de Jerusalén lo sabían y se convirtieron al cristianismo. John Warwick Montgomery abordó acertadamente el asunto cuando escribió:

Está fuera de los límites de la credibilidad que los cristianos antiguos pudieran haber fabricado tal cuento y luego haberlo predicado entre aquellos que podían haberlo refutado con facilidad al simplemente presentar el cuerpo de Jesús (Montgomery, 1964, p. 78).

La tumba de Jesús estaba vacía, y esto es un hecho.

Cuarto, distintos individuos y grupos de personas experimentaron apariciones de Jesús vivo después de su muerte.

Lucas, un médico (Colosenses 4:14) e historiador de primera categoría, después de haber investigado el asunto cuidadosamente, declaró que Jesús “se presentó vivo con muchas pruebas(Hechos 1:3), apareciendo en numerosas ocasiones durante un periodo de cuarenta días entre Su muerte y ascensión. La palabra “pruebas” traduce un término griego que fue usado por escritores clásicos para “denotar la prueba más fuerte a lo cual un sujeto es susceptible” (Alexander, 1959, p. 5).

  • La lista de testigos de las apariciones del Jesús resucitado, citadas por Pablo en 1 Cor. 15. 5-7 garantiza que dichas apariciones ocurrieron. Estos incluían a Pedro (Cefas), los Doce, 500 hermanos, y Santiago.
  • Las tradiciones de las apariciones en los evangelios proporcionan atestación múltiple e independiente de las mismas. Ésta es una de las marcas más importantes de historicidad. La aparición a Pedro es atestada independientemente por Lucas, y la aparición a los Doce por Lucas y Juan. También tenemos el testimonio independiente de las apariciones galileas en Marcos, Mateo y Juan, así como a las mujeres en Mateo y Juan.
  • La transformación radical de los discípulos indica la historicidad de las apariciones post-mortem de Jesús. Cuando Jesús fue arrestado, sus discípulos se esparcieron y se escondieron en el temor de las autoridades (Marcos 14:50 y Juan 20:19). Sus esperanzas de que él era el Mesías judío se desvanecieron (Lucas 24: 19-21). Sin embargo, después de aquel primer Domingo de Pascua, se levantaron y proclamaron con audacia su fe en él, deseando incluso sufrir y morir por él (Hechos 2: 14-40; 5: 41-42; 7: 1-60). Había algo dramático que les había sucedido para que ocurriera un cambio tan radical. La mayoría de los eruditos, por lo tanto, fácilmente admiten que los discípulos deben haber presenciado las apariciones post-mortem de Jesús que ellos entendieron que Jesús resucitó.
  • Ciertas apariciones tienen señales de historicidad. Por ejemplo, tenemos buena evidencia en los evangelios que ni Santiago ni ninguno de los hermanos menores de Jesús creyeron en él durante su vida. No hay ninguna razón para pensar que la iglesia primitiva generaría historias ficticias acerca de la incredulidad de la familia de Jesús si hubieran sido desde un principio seguidores fieles. Pero es indiscutible que Santiago y sus hermanos se volvieron creyentes cristianos activos después de la muerte de Jesús. Santiago fue considerado un apóstol y eventualmente ascendió a una posición de liderazgo en la iglesia de Jerusalén. Según el historiador judío del primer siglo, Josefo, Santiago fue martirizado por su fe en Cristo hacia fines de la década del 60 DC. Ahora, la mayoría de nosotros tiene hermanos. ¿Qué se necesitaría para convencerlos que su hermano es el Señor, de tal modo que estuvieran dispuestos a morir por esa creencia? ¿Puede haber alguna duda de que esta notable transformación en el hermano menor de Jesús tuvo lugar porque, en palabras de Pablo, “entonces apareció a Santiago”?

Los aparecimientos post-resurrección del Señor que están registrados son los siguientes.

  1. Cristo se apareció a María Magdalena en el sepulcro después que Pedro y Juan habían salido (Juan 20:11-17; Marcos 16:9-11).
  2. El Señor se apareció a un grupo de mujeres discípulas que habían visitado Su tumba vacía (Mateo 28:9,10).
  3. Jesús se apareció a Pedro en la tarde el día de resurrección (Lucas 24:34; cf. 1 Corintios 15:5).
  4. Él se apareció a dos discípulos en el camino a Emaús (Lucas 24:13-35; Marcos 16:12).
  5. Cristo se apareció a los apóstoles en la noche de la resurrección [estando Tomás ausente] (Marcos 16:14; Lucas 24:36; Juan 20:19-23).
  6. El Señor se apareció a siete de Sus discípulos al lado del Mar de Tiberias, y preguntó a Pedro tres veces si él le amaba (Juan 21:1-23).
  7. Él se apareció en una ocasión a más de quinientos hermanos, la mayoría de los cuales estaban vivos cuando Pablo escribió la carta llamada Primera a los Corintios (1 Corintios 15:6), lo cual demuestra que la historia de la resurrección podía ser chequeada.
  8. Jesús se apareció a Santiago (1 Corintios 15:7) —probablemente el medio-hermano del Señor quien anteriormente no creía (Juan 7:3-5).
  9. Cristo se apareció a los once discípulos en el monte de Galilea donde Él les dio lo que es llamado la “gran comisión” (Mateo 28:16-20).
  10. El Señor se apareció a los discípulos en el Monte de los Olivos justo antes de Su ascensión al cielo (Lucas 24:44-53; Hechos 1:3-9).
  11. El Viviente (Apocalipsis 1:18) se apareció a Esteban, Su primer mártir (Hechos 7:55,56).
  12. Cristo se apareció al apóstol Pablo en su camino a Damasco (Hechos 9:3-6), luego, cuando Pablo estuvo orando en el templo (Hechos 22:17-21), y mientras estaba en la prisión en Cesarea (Hechos 23:11).
  13. También, el Señor se apareció al “discípulo amado”—Juan—en la isla de Patmos (Apocalipsis 1:12-20).

Claramente, los testigos de la resurrección de Cristo fueron muchos. Ahora, la única pregunta que permanece es: (a) ¿fueron los testigos personas razonablemente inteligentes—y no tontos o locos histéricos; y (b) fueron individuos honestos de carácter digno?

Una de las autoridades principales de la evidencia legal que vivió alguna vez en los Estados Unidoso fue el renombrado Simon Greenleaf (1783-1853), quien sirvió como Profesor Royall de Ley en Harvard y luego como Profesor Dane de Ley en Harvard. En 1852 publicó su famosa obra, A Treatise on the Law of Evidence (Un Tratado sobre la Ley de la Evidencia), que “todavía es considerada la autoridad singular más grande sobre la evidencia en la literatura completa del procedimiento legal” (Smith, 1974, p. 423). En 1847, el profesor Greenleaf publicó un trabajo significante de más de 500 páginas bajo el título de An Examination of the Testimony of the Four Evangelists by the Rules of Evidence Administered in Courts of JusticeUn Examen del Testimonio de los Cuatro Evangelistas a Través de las Reglas de la Evidencia Administradas en Cortes de Justicia (Baker, 1965, reimpresión). En este trabajo remarcable, Greenleaf concluyó que era “imposible que ellos [los apóstoles] pudieran haber persistido en afirmar las verdades que habían narrado, si Jesús realmente no se hubiera levantado de los muertos, y si ellos no supieran este hecho tan firmemente como ellos sabían cualquier otro hecho” (citado en Smith, 1974, p. 424). Otras numerosas autoridades históricas y legales altamente competentes han testificado en manera similar (vea:  Smith, 1974, capítulo 8; McDowell, 1972, pp. 196).

Quinto, los discípulos originales creyeron después de las apariciones que Jesús había sido levantado de entre los muertos.

  1. Su líder estaba muerto. Y los judíos no tenían ninguna creencia un Mesías que muriese, mucho menos que resucitase. Se suponía que el Mesías debía expulsar a los enemigos de Israel (= Roma) y restablecer el Reino Davídico, no sufrir la muerte ignominiosa de un criminal.
  2. Según la ley judía, la ejecución de Jesús como un criminal demostraba que era un hereje, un hombre literalmente bajo la maldición de Dios (Deut. 21.23).La catástrofe de la crucifixión para los discípulos no era simplemente que su Maestro se hubiera ido, sino que la crucifixión demostraba que, en efecto, los Fariseos habían tenido razón desde el principio, que durante tres años habían estado siguiendo a un hereje, ¡a un hombre maldito por Dios!
  3. Las creencias judías acerca de la otra vida prelucían que alguien fuese levantado de entre los muertos a gloria e inmortalidad antes de la resurrección general en el Fin del mundo.Todo lo que los discípulos podían hacer que era conservar la tumba de su Maestro como un santuario dónde sus huesos podrían residir hasta el día en que los muertos justos de Israel fuesen levantados por Dios a la gloria.

A pesar de todo esto, los discípulos originales creyeron en y estaban deseoso de ir a la muerte por el hecho de la resurrección de Jesús. Luke Johnson, un estudioso del Nuevo Testamento de la Universidad de Emory, reflexiona, “se requiere alguna clase experiencia poderosa y transformativa para generar el tipo de movimiento que el Cristianismo más temprano era…” N. T. Wright, un eminente estudioso británico, concluye, “es por eso que, como historiador, no puedo explicar el surgimiento del cristianismo primitivo a menos que Jesús se halla levantado nuevamente, dejando una tumba vacía tras él.”

En el resumen, hay cuatro hechos aceptados por la mayoría de los estudiosos que han escrito sobre esta materia que cualquier hipótesis histórica adecuada debe responder: la sepultura de Jesús por José de Arimatea, el descubrimiento de su tumba vacía, sus apariciones después de la muerte, y el origen de la creencia de los discípulos en su resurrección.

Ahora la pregunta es: ¿cuál es la mejor explicación de estos cuatro hechos? La mayoría de los estudiosos probablemente permanece agnóstico sobre esta pregunta. Pero el cristiano puede sostener que la hipótesis que mejor explica estos hechos es “Dios resucitó a Jesús de entre los muertos.”

En su libro que “Justifying Historical Descriptions”, el historiador C. B. McCullagh lista seis test que los historiadores usan para determinar cuál es la mejor explicación para ciertos hechos histórico dados. La hipótesis “Dios resucitó a Jesús de entre los muertos” pasa todos estos test:

  1. Tiene mayor alcance explicativo: explica por qué la tumba fue hallada vacía, por qué los discípulos vieron apariciones después de la muerte de Jesús, y por qué la fe cristiana llegó a existir.
  2. Tiene mayor poder explicativo: explica por qué el cuerpo de Jesús desapareció, por qué varias personas vieron a Jesús vivo en repetidas oportunidades, a pesar de su ejecución pública previa, etcétera.
  3. Es plausible: dado el contexto histórico de la propia vida y afirmaciones incomparables de Jesús, la resurrección sirve como confirmación divina de esas pretensiones radicales.
  4. No es ad hoc o artificial: requiere sólo una hipótesis adicional: que Dios existe. Y ni siquiera esa es necesariamente una hipótesis adicional si uno ya cree en la existencia de Dios.
  5. Está de acuerdo con creencias aceptadas.La hipótesis: “Dios resucitó a Jesús de entre los muertos” no contradice en forma alguna la creencia aceptada de que las personas no resucitan naturalmente. El cristiano acepta dicha creencia de todo corazón, tal como acepta la hipótesis de que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos.
  6. Supera ampliamente a las hipótesis rivales en cumplir las condiciones (1)-(5).A través de la historia se han ofrecido variadas explicaciones alternativas de los hechos, por ejemplo, la hipótesis de la conspiración, la hipótesis de la muerte aparente, la hipótesis de la alucinación, y así. Tales hipótesis han sido rechazadas casi universalmente por la erudición contemporánea. Ninguna de estas hipótesis naturalistas tiene éxito en cumplir las condiciones tan bien como la hipótesis de la resurrección.

Refutando ataques a la resurrección divina.

“Teoría de la alucinación: Los discípulos se lo imaginaron todo.”

En los muchos siglos desde que los discípulos de Jesús observaron al Cristo resucitado, los críticos del cristianismo han desafiado la afirmación sobrenatural de la Resurrección. Algunos escépticos creen que los discípulos, como resultado de su dolor intenso y tristeza, sólo imaginaron ver a Jesús vivo después de su muerte en la cruz. Estos críticos afirman que las apariencias eran simplemente alucinaciones que resultaron de la ilusión. Pero esta propuesta no explica la tumba vacía y sólo explica (a primeras instancias) las experiencias de resurrección a primera vista.

Dice el detective y forense J. Warner Wallace: “Como detective, frecuentemente encuentro testigos que están relacionados de alguna manera con la víctima en mi caso. Estos testigos están a menudo profundamente afectados por su dolor después del asesinato de sus seres ceranos. Como resultado, algunos dejan que su dolor influya en lo que recuerdan de la víctima. Pueden, por ejemplo, suprimir todas las características negativas de la personalidad de la víctima y amplificar todas las virtudes de la víctima. Seamos realistas, todos tenemos una tendencia a pensar lo mejor de la gente una vez que han muerto. Pero estas imaginaciones se limitan típicamente a la naturaleza del carácter de la víctima y no a los acontecimientos elaborados y detallados que implicaron a víctima en el pasado. Aquellos más cercanos a la víctima pueden estar equivocados acerca de su personaje, pero nunca he encontrado seres queridos que colectivamente hayan imaginado un conjunto idéntico de eventos ficticios involucrando a la víctima. Es una cosa recordar a alguien con cariño, otra cosa a imaginar una historia elaborada y detallada que no ocurrió.”

Sobre la base de estas experiencias de Wallace como detective, hay otras preocupaciones razonables al considerar la explicación de que los discípulos alucinaron o imaginaron la resurrección:

  1. Mientras que los individuos tienen alucinaciones, no hay ejemplos de grandes grupos de personas que tienen exactamente la misma alucinación.  Las apariencias de la resurrección no encajan en la psicología requerida para las alucinaciones. Las alucinaciones requieren que la persona esté psicológicamente predispuesta a tenerlas. Pero los discípulos habían renunciado a Jesús y no esperaban que regresara (ver Lucas 24: 19-21).
  2. Mientras que una alucinación grupal breve y momentánea puede parecer razonable, las alucinaciones largas, sostenidas y detalladas no son apoyadas históricamente e intuitivamente, no son razonables.
  3. El Cristo resucitado fue reportado visto en más de una ocasión y por un número de diferentes grupos (y subgrupos de grupos). Todos estos avistamientos diversos tendrían que ser alucinaciones de grupo adicionales de una naturaleza u otra.
  4. No todos los discípulos estaban inclinados favorablemente hacia tal alucinación. Los discípulos incluyeron a gente como Tomás, que era escéptico y no esperaba que Jesús volviera a la vida.
  5. Si la resurrección fue simplemente una alucinación, ¿qué fue del cadáver de Jesús? La ausencia del cuerpo es inexplicable bajo este escenario.

Las teorías de la alucinación simplemente no explican las observaciones detalladas de los discípulos y la tumba vacía de Cristo. Alguien ciertamente habría cuestionado estas observaciones y verificado la tumba para ver si el cuerpo de Jesús estaba presente. Si los discípulos sólo imaginaban ver a Jesús vivo después de la Resurrección, el sepulcro debería haber contenido su cuerpo. No fue así. La verdad de los relatos evangélicos y la resurrección de Jesús sigue siendo la inferencia más razonable de la evidencia.

“Teoría del impostor: Los discípulos fueron engañados por un impostor.”

De las muchas teorías escépticas y alternativas de la Resurrección, a veces se ofrece la teoría del impostor en un esfuerzo para explicar la aparente confusión de los discípulos. Hay varios lugares en los Evangelios donde los seguidores de Jesús parecen tardar en reconocerlo. María confunde a Jesús con un jardinero, los discípulos en el camino de Emaús no reconocen a Jesús por completo. ¿Acaso no pudo un impostor haber entrado y haber engañado a los discípulos para que pensaran que era Jesús?

Los impostores son exitosos si, y sólo si, saben más sobre el enfoque de su mentira, que las personas a quienes están mintiendo. Si usted está tratando con alguien de dinero en un esquema de inversión falsa, es mejor saber más sobre los negocios de inversión que sus víctimas. Tendrás que sonar como si supieras lo que estás haciendo si quieres convencer a alguien que te dé su dinero, y es mejor que no puedan detectar tu engaño. Así que si alguien quisiera hacer que los más cercanos a Jesús creyeran que Jesús había resucitado de entre los muertos, necesitaría conocer a Jesús (sus manierismos, figuras de lenguaje y comportamientos) mejor que los propios discípulos. ¿Quién podría conocer bien a Jesús? Creo que tendría que ser alguien en el círculo interior, y esta persona tendría que empezar robando el cuerpo; una hazaña difícil para una sola persona. No pasará mucho tiempo antes de que las teorías del impostor se conviertan en teorías que involucren a los co-conspiradores, y todos sabemos que las conspiraciones son tan difíciles de ejecutar con éxito.

Pero creo que hay una razón aún mejor para rechazar la teoría de la impostura de la Resurrección. El comportamiento de Jesús después de la Resurrección fue simplemente demasiado notable como para haber sido logrado por un impostor. Recuerde que Jesús pasó cuarenta días con los discípulos, proporcionando muchas “pruebas convincentes” para demostrar que él realmente fue resucitado de entre los muertos (ver Hechos 1: 2-3). Su comportamiento después de la Resurrección incluyó hechos milagrosos y sobrenaturales:

  • Jesús apareció milagrosamente: Después de su resurrección, Jesús (o su impostor) apareció sobrenaturalmente a los discípulos, penetrando en la habitación donde se habían reunido a diferencia de un ser humano común (Lucas 24:36).
  • Jesús realizó milagros: Después de la Resurrección, Jesús (o su impostor) repetidamente realizó los mismos tipos de milagros que Jesús realizó antes de la Crucifixión (Juan 21: 6, Hechos 1: 3).
  • Jesús ascendió milagrosamente: Para dificultar aún más las cosas, Jesús (o su impostor) dejó a los discípulos ascendiendo espectacularmente al cielo (Lucas 24:51, Hechos 1:9).

¿Qué tipo de impostor podría hacer todo esto? Una cosa es hablar como Jesús, tal vez parecerse a Jesús o moverse como Él, pero otra cosa es realizar actos sobrenaturalmente como Jesús, especialmente cuando es hora de ascender al cielo. En los cuarenta días que siguieron al primer Domingo de Pascua, Jesús continuó demostrando Su divinidad. La versión posterior a la Resurrección de Jesús era tan sobrenatural y divina como la pre-Resurrección de Jesús. Por esta razón, la teoría del impostor es simplemente otra alternativa irrazonable.

“Teoría de la conspiración: Los discípulos lo inventaron todo.”

Dice Wallace: “En mi experiencia como detective, he investigado muchas conspiraciones y múltiples crímenes sospechosos. Mientras que las conspiraciones exitosas son el tema popular de muchas películas y novelas, he llegado a aprender que son (en realidad) muy difíciles de lograr. Las conspiraciones exitosas comparten una serie de características comunes.”

Aquí vemos que, en resumidas palabras, una conspiración no es tarea fácil. Wallace lo resume en varios puntos:

-Un pequeño número de conspiradores. Cuanto menor sea el número de conspiradores, más probable será que la conspiración sea un éxito. Esto es fácil de entender; las mentiras son difíciles de mantener, y cuanto menos el número de personas que tienen que continuar la mentira, mejor.

-Comunicación completa e inmediata. Esto es clave. Cuando los conspiradores son incapaces de determinar si sus compañeros en el crimen ya han renunciado a la verdad, es mucho más probable que digan algo en un esfuerzo por salvarse de castigo. Sin una comunicación adecuada e inmediata, los coconspiradores simplemente no pueden separar la mentira de la verdad; son fácilmente engañados por los investigadores que pueden enfrentar a un conspirador contra otro.

-Un período de tiempo corto. Las mentiras son bastante duras de decir una vez; son aún más difíciles de repetir constantemente durante un largo período de tiempo. Por esta razón, cuanto más corta sea la conspiración, mejor. La conspiración ideal sólo implicaría a dos conspiradores, y uno de los conspiradores mataría al otro justo después del crimen. Esa es una conspiración que sería terriblemente difícil de romper.

Conexiones Relacionales Significativas. Cuando todos los co-conspiradores están conectados relacionalmente de manera profunda y significativa, es mucho más difícil convencer a uno de ellos de “renunciar” al otro. Cuando todos los conspiradores son miembros de la familia, por ejemplo, esta tarea es casi imposible. Cuanto mayor sea el vínculo relacional entre todos los conspiradores, mayor será la posibilidad de éxito.

Poca o ninguna presión. Pocos sospechosos confiesan la verdad hasta que reconocen el peligro de no hacerlo. A menos que se presione para confesar, los conspiradores continuarán mintiendo. La presión no tiene que ser de naturaleza física. Cuando los sospechosos temen el encarcelamiento o la condena de sus compañeros, a menudo responden en un esfuerzo por salvar la cara o salvar su propia piel. Esto se multiplica a medida que aumenta el número de co-conspiradores. Cuanto mayor sea la presión sobre los coconspiradores, más probable es que la conspiración es fallar.

El número de conspiradores necesarios para lograr la conspiración cristiana habría sido asombroso. El libro de Hechos nos dice que hubo hasta 120 testigos oculares en la habitación superior después de la ascensión de Jesús (Hechos 1:15). Supongamos por un minuto que este número es una exageración grosera; Vamos a trabajar con un número mucho menor para ilustrar nuestro punto. Limitemos nuestra discusión a los doce apóstoles (añadiendo Matías como el reemplazo de Judas). Incluso con este número mucho menor, no es razonable creer que los discípulos conspiraron a mentir sobre la Resurrección por las siguientes razones:

-Habrían habido demasiados apóstoles involucrados en la conspiración.

-Los apóstoles tenían poca o ninguna manera efectiva de comunicarse unos con otros de una manera rápida o minuciosa.

-Los apóstoles habrían protegido su conspiración durante demasiado tiempo.

-Aunque ciertamente había pares de miembros de la familia en el grupo de testigos oculares apostólicos, muchos no tenían ninguna relación entre sí en absoluto.

-Los apóstoles fueron agresivamente perseguidos cuando fueron dispersados de Italia a la India. ¿Quién moriría por una mentira?

Andrés fue crucificado en Patras, Grecia.
Bartolomeo fue desollado a muerte con un látigo en Armenia.
Santiago el Justo fue arrojado del templo y luego golpeado hasta la muerte en Jerusalén.
Jacobo mayor fue decapitado en Jerusalén.
Juan murió en el exilio en la isla de Patmos.
Lucas fue ahorcado en Grecia.
Marcos fue arrastrado a caballo hasta que murió en Alejandría, Egipto.
Mateo fue asesinado por una espada en Etiopía.
Matías fue apedreado y luego decapitado en Jerusalén.
Pedro fue crucificado boca abajo en Roma.
Felipe fue crucificado en Frigia.
Tomás fue apuñalado hasta la muerte con una lanza en la India.

Puede que no sepan, pero tenemos relatos antiguos de retractación por parte de algunos cristianos. Plinio el Joven fue abogado y magistrado romano que vivió de 61-113 DC. Sirvió como gobernador de Bitínia-Pont (ahora situado en la Turquía moderna) bajo el emperador Trajano, y llevó a cabo juicios contra aquellos que habían sido identificados como cristianos. En una carta que escribió al emperador Trajano comentó como algunos cristianos, para salvar sus vidas, negaron a Cristo y maldijeron su nombre.

No todos los primeros cristianos estaban dispuestos a morir por sus creencias. Aquí tenemos una excelente evidencia de cristianos de segunda generación que se retractan de sus pretensiones de permanecer vivos en el Imperio Romano. Una cosa es cierta: las autoridades romanas reconocieron la importancia de sus esfuerzos para obtener denegaciones de los primeros cristianos. El trabajo de Plinio en este sentido (registrado muy temprano en la historia) es evidencia de esto. Muchos cristianos de segunda generación (que no eran testigos oculares de la Resurrección) se retractaron de su membresía en la familia cristiana para mantenerse vivos. Sin embargo, no existe un solo documento antiguo, una carta o una pieza de evidencia que indique que alguno de los testigos cristianos (los discípulos apostólicos) haya cambiado su historia o haya renunciado a sus afirmaciones. Dada la expectativa razonable de este esfuerzo romano y la evidencia de la historia que confirma los juicios de los cristianos, es sorprendente que ninguno de los testigos presenciales haya cambiado sus afirmaciones.

Nuestra voluntad (como no testigos más tarde en la historia) de morir por lo que creemos no tiene valor probatorio, pero la disposición de los primeros discípulos a morir por lo que vieron con sus propios ojos es una prueba crítica en el caso del cristianismo. La tradición temprana de la Iglesia relacionada con estas muertes se ve reforzada por la falta de cualquier registro antiguo de negación apostólica, especialmente dado que existen otros relatos antiguos de la persecución pública y las negaciones de los primeros cristianos. El compromiso de los discípulos con sus afirmaciones es convincente. A diferencia del resto de nosotros, su voluntad de morir por lo que presenciaron tiene un tremendo valor probatorio. El compromiso de los apóstoles confirma la verdad de la resurrección.

“Los milagros, como la Resurrección, son imposibles”

Al usar información empírica, algunos han decidido lo que es posible y lo que no es posible en el mundo, y los milagros que el Nuevo Testamento registra encajan en su categoría de “imposible”. Ya que ellos nunca han visto que nadie se levante de los muertos o que sea sanado instantáneamente de una enfermedad terminal, y ya que no se pueden realizar experimentos hoy que verifiquen la veracidad de los milagros, entonces ellos suponen que los milagros que Jesús realizó deben tener explicaciones naturales. En un artículo titulado “Por qué No Creo en la Resurrección”, Richard Carrier expresó la idea de este argumento en el siguiente comentario:

“Ninguna cantidad de argumentos puede convencerme a confiar en un reporte de segunda mano de hace 2,000 años en contra de lo que yo mismo veo directamente con mis propios ojos, aquí y ahora. Si observo hechos que implican que cesaré de existir cuando muera, entonces la historia de Jesús no puede anular esta observación, ya que es infinitamente más débil como una prueba. Toda la evidencia delante de mis sentidos confirma mi mortalidad…. Un cuento de segunda mano de 2,000 años de una tierra remota, inculta e ignorante no puede socavar estos hechos. No he visto que nadie haya regresado a la vida después que su cerebro haya muerto completamente por falta de oxígeno. No he tenido conversaciones con los espíritus de los muertos. Lo que veo es todo lo contrario a lo que este cuento de hadas afirma. ¿Cómo puede exigir más respeto que mis propios ojos? De ninguna manera”. (Why I Don’t Buy the Resurrection Story, 2000).

Carrier dice: “Ninguna cantidad de argumentos puede convencerme a confiar en un reporte de segunda mano de hace 2,000 años en contra de lo que yo mismo veo directamente con mis propios ojos, aquí y ahora.” Esta es una extraña afirmación, ya que en esta etapa de la civilización humana, gran parte de toda la comunicación se transmitió oralmente, por lo que una gran cantidad de los registros se escribirían bien después del hecho por personas que no experimentaron este evento de primera mano, y la mayoría de la gente tendría que confiar en los alfabetizados para interpretar el mensaje para ellos. Requiere más que ojos, y, ¿qué es lo que Carrier ve ahora con sus propios ojos que contrarresta lo que se vio y grabó anteriormente?

Aunque a primera vista este argumento puede parecer perfectamente plausible, se enfrenta a dos problemas insuperables. Primero, hubo cosas que sucedieron en el pasado que nadie que vive hoy ha visto o verá, pero se las aceptan como hechos. El origen de la vida en este planeta provee un buen ejemplo. Sin tener en cuenta que una persona crea en la creación o en la evolución, se debe admitir que algunas cosas sucedieron en el pasado que no están sucediendo hoy (o a lo menos, no han sido presenciadas). Para los evolucionistas, propongo la pregunta: “¿Alguna vez han usado personalmente sus cinco sentidos para establecer que algo inanimado puede dar origen a algo animado?”. Desde luego, los evolucionistas deben admitir que ellos nunca han visto esto, a pesar de todos los experimentos en cuanto al origen de la vida que se han realizado durante los 50 años pasados. ¿Significa este reconocimiento que los evolucionistas no aceptan la idea que la vida vino de la materia inanimada, solo porque no han presenciado este evento? Desde luego que no. En cambio, se nos pide que consideremos la “evidencia”, como la columna geológica y el registro fósil, que los evolucionistas creen que guía a tal conclusión. Pero la verdad sigue siendo que nadie que vive hoy ha visto que lo animado viene de lo inanimado.

Siguiendo esta misma línea de razonamiento, los que creen en la creación admiten libremente que la creación de la vida en la Tierra es un evento que nadie que vive hoy ha presenciado. Este fue un evento único que la experimentación no puede duplicar y que los cinco sentidos humanos no pueden detectar en la actualidad. Como en el caso de los evolucionistas, los creacionistas piden que se examine la evidencia como el registro fósil, el diseño inherente del Universo y sus habitantes, la Ley de la Causa y el Efecto, la Ley de la Biogénesis, etc., que guían a la conclusión que un Creador inteligente creó la vida en algún momento en el pasado. Pero, antes que nos apartemos de nuestro tema principal de la resurrección, déjeme recordarle que esta breve discusión en cuanto a la creación y la evolución se incluye solamente para establecer un punto: todos debemos admitir que aceptamos algunos conceptos del pasado distante sin haberlos inspeccionado personalmente con nuestros sentidos.

Segundo, es jactancioso suponer que la gente del primer siglo no entendió las leyes de la naturaleza lo suficiente para diferenciar entre un milagro real y otros sucesos que tienen explicaciones naturales. No debemos caer en la trampa de pensar que los espectadores del primer siglo no sabían que resucitar de los muertos o ser sanados de la lepra era algo sobrenatural. Como C.S. Lewis explicó,

Siempre se ha dicho algo acerca de nuestros antepasados que no se debe decir. No debemos decir que “Ellos creían en los milagros porque no conocían las Leyes de la Naturaleza”. Esto es una tontería. Cuando San José descubrió que su prometida estaba embarazada, él “quiso dejarla”. Él sabía lo suficiente acerca de biología…. Cuando los discípulos vieron que Cristo caminaba sobre las aguas, tuvieron temor; no hubieran tenido temor a menos que conocieran las Leyes de la Naturaleza y supieran que esta era una excepción (Lewis, 1970, p. 26).

El apóstol Pablo enfatizó este punto en Romanos 1:4 cuando dijo que Jesucristo “fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (énfasis añadido). El punto completo de la resurrección de Cristo fue, y es, la reclamación de Su deidad. Como el hombre ciego que Jesús sanó declaró correctamente, “Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer” (Juan 9:32-33).

Algunas personas descartan la resurrección de Jesús de la mano sin siquiera mirar la evidencia. Lo rechazan porque es un milagro, y asumen que los milagros no suceden. No hay nada imposible o increíble acerca de los milagros, sin embargo, al menos no si uno cree que Dios existe. Aquellos que descartan la posibilidad de los milagros asumen implícitamente una cosmovisión naturalista en la que todo lo que existe es el mundo natural, gobernado por leyes naturales inmutables que no están determinadas por nada fuera de lo natural. Mi refutación simple a Carrier y a todos los ateos jactanciosos es: Si Dios existe, sin embargo, entonces los milagros son posibles. Son seguramente posibles, y no podemos descartar racionalmente las afirmaciones milagrosas.

Conclusión: Cuando hablamos de la resurrección de Cristo, debemos concentrarnos en los hechos. Jesús de Nazaret vivió. Murió. Su tumba estaba vacía. Los apóstoles predicaron que le vieron después que se levantó físicamente de los muertos. Los apóstoles sufrieron y murieron por lo que predicaron, y rechazaron negar la resurrección. Su mensaje se ha preservado en el documento más fidedigno de la historia antigua. Los testigos independientes hablaron de la resurrección en sus escritos—con suficiente diversidad (aunque sin ninguna contradicción legítima) para probar que no existió colusión.

Desde luego, el argumento principal en contra de la resurrección es que durante el curso normal de eventos, la gente muerta no se levanta de la tumba—lo cual fue el mismo punto que los apóstoles abordaron. Pero cuando se pesa toda la evidencia, se considera que los apóstoles nunca se retractaron delante de la tortura, que el Nuevo Testamento nunca se esconde del escrutinio y que los testigos seculares e históricos rechazaron ser abrumados por el mar del criticismo, entonces es evidente que la resurrección de Jesucristo demanda su lugar legítimo en los anales de la historia como el evento más importante que este mundo jamás ha visto. Citando las palabras inmortales del Espíritu Santo por medio del apóstol Pablo al Rey Agripa hace mucho tiempo: “¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?” (Hechos 26:8).

¿Por qué es importante abordar tan extensamente el asunto de la Resurrección?

La resurrección fue el signo de exclamación de Dios de la verdad de que Jesús era Su Hijo. Aunque la deidad del Señor es demostrada en variedad de maneras—la profecía, el nacimiento virginal, Sus enseñanzas sustentadas con milagros—Cristo también fue “declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos” (Romanos 1:4; cf. Hechos 2:36).

La resurrección prueba que el perdón de los pecados está disponible en Cristo. Pablo argumentó que si Cristo no fue levantado, los hombres todavía están en sus pecados. Lo contrario de este enunciado indica que por Su resurrección, la muerte expiatoria del Señor fue valida.

Ya que Jesús, al ser levantado, fue la “primicia” (i.e., la promesa de una cosecha venidera) de los muertos, Su resurrección es la garantía de Dios de la gran resurrección todavía por venir. La muerte no lo termina todo, como los materialistas alegan.

La resurrección del Salvador, y Su asociación personal con los discípulos antes de Su ascensión, revelan que esa identidad personal se extiende más allá de la muerte. Jesús fue la misma persona después de Su muerte como lo fue antes de ésta.

La resurrección demuestra la victoria final del cristianismo sobre todas sus fuerzas opuestas. La tumba vacía fue un preludio del trono ocupado—un trono sobre el cual el Señor se sentará hasta que todos Sus enemigos hayan sido destruidos (1 Corintios 15:25)

La importancia de la resurrección de Jesús descansa en el hecho de que no es sólo cualquier Perico de los Palotes quien ha sido levantado de entre los muertos, si no Jesús de Nazaret, cuyo evento atestiguado, de ser verdad (y lo es), constituye el mayor acontecimiento en la historia de la humanidad y a su vez funda las bases del cristianismo que conocemos hoy en día. Así, en una edad de relativismo y pluralismo religioso, la Resurrección de Jesús constituye una roca sólida en que los cristianos pueden tomar su posición en favor de la auto-revelación definitiva de Dios en Jesús.

El significado de Pascua es la victoria de Jesucristo sobre la muerte. Su resurrección simboliza la vida eterna que se concede a todos los que creen en Él. El significado de la Pascua también simboliza la verificación completa de todo lo que Jesús predicó y enseñó durante su ministerio de tres años. Si no hubiera resucitado de los muertos, si hubiera muerto y no hubiera sido resucitado, habría sido considerado simplemente otro maestro o rabino. Sin embargo, Su resurrección cambió todo eso y dio una prueba definitiva e irrefutable de que Él era realmente el Hijo de Dios y que Él había vencido a la muerte de una vez por todas.

Hoy en día, el significado de la Pascua, para millones de cristianos, es el de honrar y reconocer la resurrección de Jesucristo de entre los muertos y Sus gloriosas promesas de vida eterna para todos los que creen en Él.

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